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David Uzcátegui
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  • 14-12-2018
    “Sube la temperatura en EEUU”
    Tras las muy seguidas elecciones de medio término en Estados Unidos, se comienza a ver en hechos cómo puede llegar a funcionar la nueva configuración de poder. De entrada, el presidente Donald Trump no parece muy inclinado a negociar respecto a lo que considera puntos de honor para su mandato.

    Trump estuvo al frente de una muy polémica discusión, esta vez en la Casa Blanca. Concretamente en el solemne despacho oval, donde recibió a los líderes demócratas del Congreso para debatir sobre el espinoso tema de los presupuestos.

    No estaba pautado, pero en el último instante Trump pidió que las cámaras de televisión entraran a la reunión, y así lograron plasmar el tenso enfrentamiento entre el presidente, el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, y la principal demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

    Lo que pudieron ver los estadounidenses -y el mundo entero- fue un debate entre las dos fuerzas políticas que llevan las riendas de su nación. Los representantes opositores del legislativo entraron hasta la oficina presidencial, y ante las cámaras expusieron sus opuestos puntos de vista, para que el ciudadano se haga un juicio sobre sus representantes gubernamentales.

    La cita concluyó con la amenaza presidencial de cerrar el gobierno (“shut down”) si los legisladores no proveen los fondos adecuados para su prometido muro a lo largo de la frontera con México, y lo declaran como una respuesta a "una emergencia nacional". Se trata del mismo muro que, según prometió en campaña presidencial, iban a pagar sus vecinos mexicanos.

    "Me enorgullece cerrar al gobierno por la seguridad de la frontera", dijo Trump, y luego agregó dos veces: "Lo asumiré". "No deberíamos cerrar el gobierno por una disputa, y usted quiere cerrarlo", respondió por su parte Schumer, líder de la minoría demócrata de la Cámara Alta. "El cierre de Trump es algo que se puede evitar", dijo Pelosi.

    Para Schumer, el presidente dejó en claro que quiere un cierre, y advirtió que, si Trump persiste en su demanda de 5 mil millones de dólares para el muro fronterizo, logrará un cierre y no un muro.

    Sin embargo, hay quienes ven esa intensa discusión como un sano ejercicio democrático.

    El intercambio en la Casa Blanca, en realidad, fue un diálogo constructivo para la democracia, según algunos observadores.

    Seguimos viendo que el estilo muy propio de gobernar que tiene el presidente Trump, no parece mostrar signos de modificarse, al menos en lo inmediato. Tiempo atrás comentábamos que se trata de un hombre de empresa, un magnate y un líder que está acostumbrado a ordenar y a que se le obedezca.

    Aunque parezca contradictorio, este perfil no se corresponde del todo con el que debería tener el hombre al frente de la democracia más poderosa del mundo occidental. Y es que el ecosistema político estadounidense es sumamente complejo, y ha basado la viabilidad de su sistema como nación -que ya se aproxima a los 250 años de existencia- en lo que ellos mismos llaman el “sistema de balances y contrapesos”.

    Esto quiere decir que, partiendo de que el gobierno se divide en las tradicionales tres ramas del poder: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, los funcionarios se fiscalizan unos a otros y garantizan el atajar cualquier exceso a tiempo, antes de que ocasione daños irreparables a la nación.

    Donald Trump fue un fenómeno electoral, y como suele suceder, a su elección lo acompañó un respaldo en el poder Legislativo bicameral estadounidense. Tanto el Senado como la cámara de Representantes -también conocida como “La Casa” o “The House”- quedaron en manos de su partido, el Republicano.

    No es extraño que esto haya sucedido, si agregamos que se venía de dos períodos, un total de ocho años, de gobiernos demócratas. La opción azul venía sobrecargada del desgaste de esa larga jornada.

    Sin embargo, no se debe olvidar que, en el voto popular, las elecciones presidenciales de 2016 fueron ganadas por Hillary Clinton y que la victoria final de Trump fue gracias a los colegios electorales.

    Ahora, la correlación de fuerzas ha cambiado y si bien los Republicanos mantienen el control de la Cámara Alta, la Baja ha pasado a manos de los demócratas. Para decirlo en buen criollo, es una piedrita en el zapato.

    Los líderes demócratas le han ofrecido al presidente 1.3 mil millones de dólares para su proyecto en la frontera. Como también habíamos dicho, de aquí en adelante se pone a prueba la habilidad de Trump para negociar, para ceder, para demostrar que ya no es el jefe de una corporación, sino la cabeza de un gobierno democrático, que debe llegar a entendimientos y consensos saludables, más allá de esos engañosos términos de mayorías y minorías. ¿Se podrá llegar a un acuerdo? El mundo entero sigue con interés estos acontecimientos.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 15-02-2019
    “La juventud marca el rumbo”
    El pasado día 12 de febrero, no solamente se conmemoró un nuevo aniversario de la Batalla de la Juventud, sino que fue una conmemoración muy especial: 205 años, lo que llamamos un aniversario redondo.

    El momento nos parece sumamente propicio para reflexionar sobre el rol de la juventud en nuestra sociedad y nuestra historia, en un paralelismo entre aquel momento y lo que han sido otros hitos posteriores en nuestros días como nación.

    Debemos recordar que aquella batalla formó parte de la Guerra de Independencia venezolana, donde los republicanos liderados por José Félix Ribas se enfrentaron a las fuerzas realistas comandadas por José Tomás Boves, cuando este último intentó tomar la emblemática ciudad de La Victoria.

    Ribas, al ver la escasez de soldados regulares, decidió armar a aproximadamente mil estudiantes de colegios y seminarios de la ciudad y otros poblados cercanos, entre ellos 85 muchachos del Seminario de Santa Rosa de Lima, de Caracas.

    Antes de entrar al campo de batalla, Ribas animó a los jóvenes que lo acompañaban, para que defendieran hasta el límite de sus fuerzas el suelo de la patria.

    No tenían experiencia en manejo de armas de fuego, lanzas o espadas, pues su única herramienta hasta ese momento habían sido los libros que utilizaban para sus estudios. Junto a los mil quinientos soldados que estaban bajo su mando, Ribas armó paralelamente aquel ejército de adolescentes, inspirados por un ideal y con más voluntad que fuerza para enfrentar un reto que lucía demasiado grande.

    Se dice que lo que marcó el éxito de una empresa tan desigual, fue la arenga de Ribas: “Soldados, Lo que tanto hemos deseado va a realizarse hoy: he ahí a Boves. Cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. Defendámonos del furor de los tiranos, la vida de nuestros hijos, el honor de nuestras esposas, el suelo de la patria; mostrémosle nuestra omnipotencia. En esta jornada que va a ser memorable, ni aún podemos optar entre vencer o morir: ¡necesario es vencer! ¡Viva la República!”.

    La batalla duró interminables horas y fue enfocada básicamente hacia una estrategia de resistencia, hasta que finalmente llegaron los refuerzos de Vicente Campo Elías, que dieron la estocada final a las tropas realistas en la Batalla de la Victoria. Al final, alcanzaron la victoria, como el nombre de la ciudad donde les tocó librar tan dura y desigual lucha.

    Pero la Batalla de la Victoria no ha sido la única demostración de la valentía y el arrojo de la juventud venezolana. En los tempranos años del siglo pasado, un grupo de muchachos se organizó en centros estudiantiles y de la mano de Pío Tamayo, y comienzan a participar en diferentes actos culturales, que derivan en un movimiento que se enfrentó a Juan Vicente Gómez, por reivindicaciones par los estudiantes en particular y para los venezolanos en general.

    De esa generación saldrían notables hombres históricos de la política venezolana, como Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, Raúl Leoni y Juan Bautista Fuenmayor, entre otros. Este momento histórico fue conocido como La Generación del 28, en referencia al año en el cual irrumpieron en la vida pública, desde sus aulas de la Universidad Central de Venezuela.

    Siempre es bueno mirar hacia atrás para constatar, entre otras cosas, que es la juventud la que suele marcar las transiciones entre etapas históricas que, así como en Venezuela los jóvenes han sido parteaguas de etapas y procesos, lo han sido también en toda la historia y en todo el mundo.

    Si bien estamos en un siglo muy joven aún, ya una juventud estudiosa venezolana se perfila como motivo de orgullo para nuestra tierra, cuando conocemos de noticias como que el joven venezolano Rodolfo Barráez recibió el Premio Internacional de Dirección de Orquesta Ofunam 2018 en el Centro Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tras competir con otros internacionales de altísimo desempeño.

    O que los arquitectos venezolanos Gabriel Visconti y Marcos Coronel hayan sido galardonados con el premio Joven Arquitecto de Latinoamérica en la décimo sexta Muestra de Arquitectura de Venecia, en Italia. O que jóvenes venezolanos estudiantes de la UCAB Y la USB hayan sido reconocidos con el primer y segundo lugar por la Universidad de Harvard con los premios Modelo de Naciones Unidas a Mejor Delegación y Mejor Delegación Internacional.

    Desde un siglo XXI donde las armas son el conocimiento y la educación, permanecemos expectantes, sabiendo que nuestra juventud está abocada a construir el país que merecemos. No los dejemos solos y trabajemos con ellos, para hacer posible lo que deseamos como nación.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 18-01-2019
    ."Esa barajita ya la tenemos"
    De cara al comienzo de año y a la inconformidad ciudadana con la situación económica del país, el gobierno nacional anunció en estos días una nueva serie de medidas en dicho campo, en lo que evidentemente es un intento de contener la insatisfacción general, que ya es sencillamente inocultable.

    El portal web de línea oficialista Tele Sur, en nota fechada el pasado día 14 de este mes titula: “Presidente Nicolás Maduro anuncia aumento de salarios en Venezuela” y complementa informando que el mandatario realizó el anuncio en el marco de las medidas económicas que implementará en su nuevo mandato 2019-2025.

    Primero, a lo primero. La administración actual insiste en cometer reiteradamente el error de aumentar una y otra vez el salario mínimo sin tener en cuenta el estado en el cual se encuentra el aparato productivo del país, al cual se le puede considerar simplemente exhausto, tras dos décadas de medidas económicas erradas.

    El obligar al escaso empresariado que aún se anima a seguir adelante en medio de un ambiente adverso, a incrementar los salarios a partir de una orden y no de un aumento orgánico en su productividad, es sencillamente pan para hoy y hambre para mañana, como bien lo hemos visto a lo largo de estos años.

    Sí, todos deseamos aumento de salario, pero ese es el último paso de un programa de reestructuración de la economía, que pase por un profundo saneamiento de las causas por las cuales la actividad económica de nuestro país se ha estrechado cada vez más.

    Es primero de extrema urgencia volver a ser productivos y a tener confianza en Venezuela, apostar al productor nacional e incentivarlo desde el mismo gobierno con medidas a su favor, y solamente como consecuencia de ello se podrá pensar en aumentos de salario sostenibles en el tiempo.

    Tan cierto es lo que planteamos, que ya los incrementos salariales alegran a muy poca gente. La mayoría de los venezolanos sabe que el aumento en sus ingresos será consumido por la subida de los precios, incluso antes de llegar a sus bolsillos.

    Esta realidad ya no puede ser obviada, ni siquiera por el mismo gobierno, que ha satanizado en el pasado la iniciativa particular. La nota citada agrega que “El presidente Maduro reiteró el llamado a los empresarios privados para trabajar todos juntos en el progreso y desarrollo del país, así como un compromiso para poner en marcha las nuevas medidas económicas”.

    Esta afirmación contradice lo que hemos visto y vivido durante muchos años. Es un gran comienzo el tratar de tender puentes con los que deberían ser los socios principales de la administración pública en la consecución del bienestar de los venezolanos. La cosa es cómo y de qué manera se va a concretar este acercamiento.
    Lo otro que nos preguntamos es: ¿los funcionarios estarán dispuestos a escuchar? ¿Podrá ser viable un cambio de paradigma? Honestamente, nos gana el escepticismo, pero estemos abiertos a sorpresas. Los milagros pueden ocurrir.

    Habla el artículo en cuestión de “medidas económicas”, un plural que acompaña al nuevo y cuestionado aumento.

    Se menciona al plan “Chamba Juvenil”, una iniciativa en línea con propuestas de muchos otros países de robustas economías, en cuanto a incorporar a los más jóvenes al aparato productivo. Ellos suelen ser de los más ignorados por el mercado laboral debido a su falta de experiencia. Es sumamente loable, pero esperamos que no se quede en el papel o en las palabras.

    Otras propuestas mencionadas, como el embellecimiento urbano y la reactivación de la industria automotriz suenan también como el sendero que hay que andar. ¿Realmente avanzaremos en ese sentido? Ojalá. Solamente así es sustentable un aumento salarial. Aunque aún se está poniendo el carro delante de los caballos.

    Muchas veces lo hemos dicho: Venezuela cuenta con numerosos profesionales versados en el tema, que sin duda aportarían al gobierno nacional su experiencia para deshacer los entuertos, pero hay que partir de aceptar realidades y desechar prejuicios. Es en este tramo de la tarea donde reside el mayor atasco y hasta que no sea superado, no habrá manera de ver la luz al final del túnel. Caso de que esto no suceda, seguiremos dando vueltas en un mismo círculo vicioso que hace rato se agotó.

    Si de algo nos ha servido este período adverso de las finanzas nacionales, es de aprendizaje sobre como funcionan en realidad los números, los cuales no responden a órdenes, sino a leyes que no pueden ser reinventadas ni saltadas, pues las consecuencias suelen ser peores de lo imaginable. Y vaya que estamos viviendo los resultados de estos experimentos sin sentido ni razón.

    Ponemos una vez más nuestro escepticismo por delante. Ya hemos visto demasiadas veces esta película. Ojalá nos equivoquemos.


    David Uzcátegui
  • 24-01-2019
    "23 de enero, para no olvidar"
    La reciente conmemoración del 23 de enero de 1958, reavivó en la ciudadanía venezolana un notable interés en esa fecha histórica. Y no es para menos, ya que los mayores la recuerdan como una verdadera épica de nuestro gentilicio; mientras para los más jóvenes la efeméride está sembrada de dudas. ¿Qué sucedió ese día?

    Al despuntar la madrugada de aquella fecha, abandonó el país Marcos Pérez Jiménez, quien había llegado al poder tras una asonada militar que depuso al maestro y escritor Rómulo Gallegos, primer presidente electo por voto universal, directo y secreto de los venezolanos en el siglo XX.

    Ese día se corrigió, una vez más, otro de esos rumbos torcidos que nos han emboscado a los venezolanos. Los líderes de aquellos momentos, al igual que los venezolanos de a pie, destacan la unión en el propósito como el motor que hizo posible un cambio radical en la conducción del país.
    Pero sin duda, el perezjimenismo es, al día de hoy, aún polémico. ¿Por qué? Pues porque aquel período se caracterizó por una notable transformación del medio físico venezolano, algo que se amparó bajo el lema de “Nuevo Ideal Nacional”.

    Nacieron autopistas, rascacielos, construcciones importantes. La imagen de la Venezuela de entonces era de progreso.
    ¿Cuál era entonces el problema? Nada menos que la falta de democracia.

    Marcos Evangelista Pérez Jiménez llega al poder, como dijimos, tras el derrocamiento de Gallegos. Integra una Junta Militar encabezada por Carlos Delgado Chalbaud, quien poco después fue asesinado en circunstancias nunca totalmente aclaradas, dejando a Pérez Jiménez en el poder.
    Para regularizar la situación, hubo elecciones a Asamblea Nacional Constituyente, que según los testimonios de la época, fueron ganadas por la oposición. Un triunfo que fue desconocido y que costó el exilio al dirigente Jóvito Villalba, del partido Unión Republicana Democrática.

    Años después, ya en 1957, se llega al punto en el cual hay que celebrar elecciones presidenciales. Aquel gobierno las sustituyó por un plebiscito, que no era constitucional ni escondía suficientemente la falta de celebración de los comicios que tocaban en la fecha.

    Es esto lo que precipita el descontento masivo entre la gente. La suma de estos hechos apuntaba a que Pérez Jiménez tenía todo listo para eternizarse en el poder.
    Cabe aquí la pregunta: ¿era el progreso material que se veía por aquellos años, la moneda de cambio para comprar una presidencia vitalicia?

    Lo más interesante —desde nuestro punto de vista— es que a los venezolanos se les planteó un dilema ético que resolvieron sin dudar: no había prebenda física que fuera lo suficientemente valiosa como para sacrificar los valores democráticos.

    Existió, para el momento, un valioso contrato social tácito entre los venezolanos. Aquel régimen había traído progreso; pero no era suficiente. Se quedaba a medio camino.
    Para muchos, entender el perezjimenismo y su desenlace pasa por mirar hacia la dictadura de Juan Vicente Gómez, quien se aferró al poder durante 27 años, hasta su muerte.

    Recordemos aquella “Generación del 28”, estudiantes universitarios que ofrecieron muestras de rebeldía ante un gobierno de signo rural y decimonónico. La educación despertaba conciencias y hacía entender que los venezolanos teníamos derecho a mucho más.

    Tras el fallecimiento de Gómez en 1935, Venezuela inicia un largo camino hacia el siglo XX, que para muchos aún no llegaba al país. Por encima de las idas y venidas del poder, la conciencia cívica sin dudas avanzó más allá de los reveses, por debajo de lo que era obvio en la superficie.

    Y llegó a ese punto de solidez suficiente en 1957, cuando se multiplicó la voz: era un derecho tener un destino mejor. La legendaria pastoral de Monseñor Rafael Arias Blanco, el Día del Trabajador de ese año, fue la primera manifestación pública, a la cual se unió todo el país en cosa de meses.

    No se querían ni se necesitaban mesías, caudillos o líderes predestinados. El objetivo era un presidente electo, un servidor público que rindiera cuentas, que se sometiera a la Constitución, a las leyes y respetara en convivencia a los otros poderes públicos independientes.

    Y esa es la gran lección de aquel día de 1958. Cuando remamos todos juntos en la misma dirección, podemos alcanzar objetivos que parecen imposibles. No tenemos que conformarnos con un país menor al que merecemos.

    Una nación se funda sobre valores intangibles de ética y respeto, solamente entonces el progreso y el bienestar material vendrán y tendrán un significado. Hay pilares intelectuales y espirituales que no pueden ser sacrificados, comerciados o vendidos a cambio de nada. Dejamos aquí esas reflexiones, 61 años después. Somos otras generaciones, pero también somos la misma Venezuela.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
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  • 01-02-2019
    "Balance de dos décadas"
    El 2 de febrero de 1999, un país creyó. Tomó posesión de la Presidencia de la República un hombre que había prometido demoler los cimientos de una nación para reconstruirla de manera nueva, de una forma que sedujo a la mayoría de quienes fueron a votar; mientras provocó reservas en no pocos.

    Hugo Rafael Chávez Frías caracterizó su campaña electoral con el tremendismo de su discurso, sacudiendo así a un país que estaba cansado de un círculo vicioso que no sabía ir más allá en los requerimientos de la ciudadanía.

    Pero lo que vendría, ¿era mejor o peor? Era la pregunta que muchos se hacían y que fomentaba dudas en los primeros tiempos del nuevo mandatario. Y la mayoría optó por creer, estrenándose el nuevo funcionario con una popularidad que rondaba el 80%

    Se dice que una de las mayores virtudes de Hugo Chávez fue incluir a los venezolanos más desposeídos. Sin embargo, también cabe preguntarse en qué los incluyó. Porque ciertamente lo hizo en su discurso y los volvió eje del mismo.

    Sin embargo, al día de hoy, son justamente ellos, por quienes decía trabajar, las víctimas que mas han sufrido y que más sufren los numerosos desaciertos en la administración del país.

    Quizá el mayor de todos los errores del chavismo fue continuar adelante con la perniciosa dependencia del petróleo para sustentar a toda una nación. Y no solamente continuaron con esa garrafal equivocación histórica, tantas veces cuestionada por intelectos sobresalientes como los de Arturo Uslar Pietri y Juan Pablo Pérez Alfonso. Más allá, sencillamente se confió el proyecto político en esta característica de nuestro país. Y por ello, la convirtieron en la única tabla de salvación.

    Y es que las utopías y los idealismos se enfrentan con una cruel realidad cuando se toma el poder: se necesita dinero. El chavismo lució viable mientras los precios del petróleo se mantuvieron astronómicamente altos. Con el barril por encima de los cien dólares, hubo dinero para todo, absolutamente para todo, y aún sobraba.

    Este fue el espejismo con el cual el chavismo cerró su primera década y arribó a la segunda: sí era posible la “revolución bonita”. Era viable, había dinero en la calle, como se acostumbraba a decir. Y vendía una imagen de éxito ante el mundo.

    Pero fue un dinero tremendamente mal administrado. No se invirtió. No se pensó en educación, en futuro, en recurso humano, que es la riqueza real de un país.

    No se ahorró, como han hecho prudentemente países de la talla de Noruega, que descubrió su petróleo mucho después que nosotros y hoy es un país estable, donde a sus ciudadanos no les falta lo necesario. Y lo es porque el dinero proveniente de la riqueza petrolera se ahorró y se invirtió.

    Los recursos que ingresan por este concepto se han manejado con tal tino, que las altas y bajas en el mercado mundial no son sentidas por sus ciudadanos. Aquella riqueza se manejó tan acertadamente que ahora brinda prosperidad y bienestar por sí misma.

    Y ahora que hablamos de industria petrolera, otro desatino fue sin duda el prescindir de la gente calificada para manejarla. El ponerla en manos de personas que tuvieran afinidades políticas e ideológicas, marcó el declive de la industria petrolera venezolana. Y si se pretendía jugar a la viabilidad de la revolución contando con el recurso suministrado por Petróleos de Venezuela, una decisión así era doblemente suicida. Algo que solamente podemos medir a la luz de las dos décadas que han transcurrido.

    En paralelo, el apetito de poder fue tal, que no se quiso compartir con nadie. Otro error que torpedeó a Venezuela como país. La iniciativa particular se estigmatizó, cortando las alas a la industria privada. El Estado se hizo omnipotente y pretendió abrogarse para sí todas las responsabilidades, en un ejercicio de prepotencia que tarde o temprano se iba a volver contra él mismo.

    Y es que un país se construye entre todos, entre muchos, en equipo. Pero esto jamás se entendió.

    El mismo recurso petrolero que iba a servir para cimentar ese proyecto ideológico, sirvió para un juego perverso: importar bienes de consumo subsidiados, a precio que dejara a los productores particulares fuera de competencia.

    Con la empresa privada fuera de juego, no era difícil predecir lo que sucedería cuando los precios del petróleo se desplomaran, algo que siempre va a suceder, por los ciclos naturales de ese mercado. Y sucedió. Nos quedamos sin importaciones y ya no había industria nacional.

    La revisión de lo que han sido estas dos décadas de un polémico proyecto político llevado a la realidad, podría llenar páginas y páginas, pero baste decir que, para incluir a unos, no es necesario excluir a otros. Que la soberbia siempre es mala consejera. Y que todo líder político responsable debe sacar bien sus números.

    David Uzcátegui
  • 09-11-2018
    “Estados Unidos se renueva”
    El mundo entero está procesando aún los resultados de las elecciones efectuadas en Estados Unidos. Conocidas como de “medio término”, ocurren cada cuatro años y a la mitad de cada mandato presidencial. Sirven para renovar importantes autoridades, entre otras a gobernadores, una parte del senado o cámara alta, a la totalidad de la casa de los representantes o diputados; así como para decidir sobre importantes aspectos de las realidades locales.

    El presidente Donald Trump ha calificado la jornada como un gran éxito, suponemos que debido a que la cámara alta se mantuvo en manos de su partido, el Republicano. Sin embargo, como la renovación de esta instancia legislativa es apenas parcial, era bastante difícil que cambiara de color. Por otro lado, copartidarios que no le eran afines y que mantenían una línea más moderada, terminaron su período, con lo cual los senadores republicanos serán más afines a él de ahora en adelante.

    Sin embargo, la gran noticia –y el triunfo para la democracia- viene en el hecho de que la cámara baja o de representantes pasa por primera vez en mucho tiempo a tener mayoría demócrata, es decir, opositora. Y es aquí donde se pone interesante el asunto.

    Estados Unidos es una de las democracias más emblemáticas de occidente, ya que se precia de garantizarse a sí misma mediante la solidez de sus instituciones, la independencia de sus poderes y una filosofía de gobierno conocida como de “balances y contrapesos”.

    El fenómeno Trump había venido acompañado hasta el momento de mayorías en ambas instancias del poder Legislativo y con ello, había sido percibida como una verdadera ola de poder.

    Sin embargo, exactamente a dos años del triunfo electoral de este magnate inmobiliario -a medio término de su mandato- sucede este acontecimiento comicial que es una suerte de evaluación de lo habido hasta ahora.

    Para los estadounidenses, las elecciones de medio término representan una suerte de referéndum sobre la gestión presidencial, a mitad de su camino. Y Trump no salió mal librado, aunque haya visto menguar su poder a manera de advertencia. Algo usual en las elecciones de medio término.

    Para empezar, debemos aclarar que generalmente, en estas elecciones, las instancias a ser electas terminan inclinándose por la voluntad popular hacia la opción opuesta al mandatario de turno. Es lógico que haya desencantos ante excesos y promesas no cumplidas, tras dos años de ejercicio que muchas veces acaban con las ilusiones originales de los votantes que lo favorecieron.

    La mayoría demócrata entre los representantes, es una alerta amarilla al primer mandatario estadounidense. Se siente que hay excesos de su parte y la ciudadanía empoderó a sus rivales políticos para que lo contengan.

    Desde la cámara baja del legislativo estadounidense, ahora se podrá profundizar con poder real sobre aspectos polémicos de la administración Trump. Por ejemplo, el muro en la frontera con México, promesa emblemática de su campaña presidencial, muy probablemente duerma el sueño eterno, porque es un proyecto de suficiente envergadura como para necesitar la aprobación -o el veto- de esta instancia legislativa.

    También se puede iniciar una investigación por la presunta y controversial intervención cibernética rusa en las pasadas elecciones presidenciales de 2016. Finalmente, los reiterados ataques a la migración ilegal terminaron generando el rechazo de todos los migrantes en general, en un país que ha hecho de la inmigración una de sus grandes fortalezas.

    La intensa retórica trumpista ha dividido a Estados Unidos, pero al menos hasta el momento, esta división se ha canalizado a través de representantes de ambas tendencias dentro de importantes instancias de poder. Cosa que no es de extrañar y para muestra un botón: su antecesor, el aún muy popular Barack Obama, gobernó con el Congreso en contra. Asuntos normales en las democracias robustas.

    Rojos y azules conviven y debaten en el norte, mientras incluso se habla de asuntos de agenda política que podrían contar con votos unánimes de ambos extremos políticos, por el bien del país. Algo que suele suceder en EEUU cuando se enfrentan asuntos de interés nacional. Esto se daría en temas como nuevos proyectos de infraestructura o cómo disminuir el costo de las medicinas con prescripción.

    Trump, como capitán de empresa, está acostumbrado a ordenar y ser obedecido. Los políticos, aún los presidentes, deben negociar. Este segundo tramo de su mandato nos dejará saber si finalmente se graduó de político y logra un segundo período en la Casa Blanca, o si por el contrario los demócratas aprovechan la oportunidad que les ha brindado el siempre decisivo y poderoso electorado independiente, para colocar a uno de los suyos en la primera magistratura para el año 2020.

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