Suscribete en Línea:
 
 
  • 17-08-2018
    “Estrenando moneda”
    La expectativa nacional en estos días gira en torno a lo que se ha bautizado como “reconversión monetaria”. Y es que parece ser la anhelada solución -o al menos un paliativo- a la compleja situación económica que Venezuela atraviesa al día de hoy.

    Pero, ¿lo será realmente? Los venezolanos hemos perdido la capacidad de asombro y somos cada vez más incrédulos. Y no se trata de pesimismo crónico, sino más bien de observar una cadena de desaciertos que parece no terminar.

    Primero, lo primero. El llamado bolívar fuerte, está pulverizado. No entremos en este momento a analizar las razones, pero su poder adquisitivo es, al instante actual, sencillamente microscópico.

    Bien sabemos que necesitamos grandes cantidades de billetes para comprar el más elemental de los bienes de consumo. Eso, para no mencionar que las monedas pasaron a ser francamente inútiles desde hace años.

    Ciertamente, cuando la masa monetaria de una nación se ve puesta al límite por episodios de alta inflación, no queda otro remedio. De entrada, la reconversión monetaria es absolutamente urgente.

    Sin embargo – y lo que nos preocupa- es que, si no se corrigen los numerosos vicios del manejo de la economía que desembocaron en esta situación, dentro de poco tiempo nos encontraremos en el mismo sitio. Es un círculo vicioso.

    Recordemos que, el 22 de marzo de este año, fuimos sorprendidos por el anuncio oficialista de una reconversión monetaria, enmarcada en el Decreto N° 3.239 de Estado Excepción y de Emergencia Económica, en donde la nueva moneda se denominaría bolívar soberano y su tasa de conversión para ese momento, sería de mil bolívares fuertes a un bolívar soberano.

    Estaba previsto que este nuevo cono monetario entrara en circulación el 4 de junio. Sin embargo, el Poder Ejecutivo, reunido con la Asociación Bancaria y a petición de esta última, acordó prorrogar por sesenta días la entrada en vigencia, por lo que la nueva fecha quedó programada para el día 4 de agosto.

    El pasado 25 de julio, se pospuso nuevamente la aplicación de la reconversión monetaria para el 20 de este mes, con la novedad de que ahora la reducción sería de cinco ceros, es decir, 100 mil bolívares fuertes serán equivalentes a 1 bolívar soberano, quedando además la nueva moneda anclada a la criptomoneda petro. Otro cambio que sorprendió en este nuevo giro del proceso de reconversión monetaria.

    Vale recordar que el bolívar, unidad monetaria oficial de nuestro país, fue establecida en 1879 por el presidente Antonio Guzmán Blanco y permaneció durante todo el siglo XX y los primeros años del XXI hasta 2007, cuando bajo el gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez se produjo la aprimera reconversión monetaria. Once años después, nos vemos en la necesidad de volver a atravesar por el mismo proceso.

    Y con esto retomamos lo que comentamos más arriba: si no se corrigen las causas, el bolívar soberano no solamente podría tener corta vida, sino además llevarnos a una situación similar a la actual en relativamente poco tiempo.

    Desde nuestro punto de vista, el asunto es extremadamente complicado.

    El mismo gobierno sabe esto y por ello se ha anunciado, junto a la reconversión monetaria, un programa de recuperación económica. Sin embargo, luce bastante etéreo e impreciso, de cara a la complejidad de lo que sucede.

    El anclaje a la criptomoneda petro no logra concitar la confianza de los actores financieros, ya que es la primera vez que el gobierno de un país lanza un instrumento de este tipo, que debe estar regido por las reglas del libre mercado y no por parcialidades, intereses políticos o de particulares, lo cual ha generado muchas suspicacias.

    Por otro lado, se sigue hablando de subsidios, cuando nuestras fuentes de ingresos están exhaustas y adicionalmente, se vuelve a confiar una vez más en el petróleo para sanear los números del Banco Central de Venezuela.

    El eterno error se continúa prolongando. Se trata de ser productivos y de diversificar la economía, no de reincidir en desatinos que nos han convertido en una nación débil y vulnerable en lo financiero. Debilidad y vulnerabilidad que va a sentirse, finalmente, en los bolsillos de la gente.

    Los elevados precios del petróleo trajeron toda una serie de malas prácticas en el manejo de las finanzas nacionales, las cuales no pueden ser resistidas por economía alguna.

    Al caer dichos precios, la cruel relidad nos explotó en la cara y demandaba correctivos inmediatos, que al día de hoy no se han tomado.

    Hablamos de orden, de disciplina fiscal, de productividad, y sobretodo, de entender que la iniciativa particular es la verdadera médula de un país. No se puede recargar todo el funcionamiento de la economía de una nación en los hombros del Estado, y menos aún contando con un recurso tan volátil como lo es el petróleo.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 10-08-2018
    “Las fronteras calientes”
    La reciente noticia fechada en Brasil, que relata cómo un juez de la vecina nación levantó el cierre de la frontera que compartimos con ellos, vuelve a subir la temperatura en el asunto fronterizo con nuestros dos grandes vecinos.

    Y es que para nadie es ya un secreto el hecho de que los venezolanos vean como una alternativa de cecimiento, superación y progreso la posibilidad de salir por tierra a través de los límites que nos separan de otros países, para intentar en aquellas latitudes la construcción de una vida mejor.

    La magistrada del Tribunal Supremo de Brasil Rosa Weber, negó un pedido del gobierno del estado de Roraima destinado a cerrar la frontera con Venezuela, la cual ya había sido bloqueada por la policía tras la decisión de un juez federal, de menor rango. El magistrado Helder Girão Barreto ordenó el bloqueo temporal.

    Dicho juez Barreto había determinado suspender temporalmente el ingreso de venezolanos por tierra hasta que hubiera un "equilibrio" entre el número de inmigrantes que ingresa desde nuestro lado, con los que salen a otras ciudades.

    Weber se pronunció respecto a la situación, como consecuencia de un pedido del gobierno de Roraima, que es la principal puerta de entrada de los venezolanos en Brasil. Rechazó el cierre de la frontera al considerar que “va en contra de la Constitución y de los tratados internacionales ratificados por el gigante suramericano”, según reseña la agencia de noticias internacional Efe.

    Pero el episodio ya tiene antecedentes. En abril de este año, la gobernadora de Roraima, Suely Campos, del conservador Partido Progresista (PP), pidió el cierre temporal de la frontera con Venezuela por la "omisión del Gobierno Federal en cumplir su papel constitucional de control de la frontera, sobrecargando el estado".

    De inmediato el presidente de Brasil, Michel Temer, criticó el pedido de la mandataria regional y señaló que “cerrar las fronteras del país no era un hábito de Brasil”.

    Roraima es uno de los estados más pobres de la nación y ha recibido unos 50 mil venezolanos, un porcentaje importante de su población, que han elevado significativamente la demanda por los diferentes servicios públicos en la región.

    La gobernación alega no tener capacidad para atender esa demanda. Este es el origen de las delicadas disputas entre distintas instancias gubernamentales al respecto.

    El gobierno de Brasil ha puesto en marcha medidas de asistencia humanitaria para los inmigrantes venezolanos, en las que participan el Ejército y organismos internacionales y que incluyen su traslado a otros puntos del país, para descongestionar la comprometida región.

    Este último giro es una gran noticia para los coterráneos que se aventuran a tan difícil viaje para buscar una vida mejor. Y no queda sino agradecer a las autoridades brasileñas, que están maniobrando como mejor pueden para no negarle a los venezolanos que tocan a sus puertas, una oportunidad de salir adelante.

    La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) celebró la decisión del Tribunal Federal de la 1 Región de Brasil de mantener abierta la frontera con Venezuela para permitir el ingreso de inmigrantes.

    El texto fue el siguiente: "ACNUR celebra la decisión de anoche del tribunal supremo brasileño de anular una decisión de un juez federal en el estado fronterizo de Roraima para suspender la admisión de venezolanos al país y cerrar la frontera", según afirmó en Ginebra el portavoz de dicha agencia de las Naciones Unidas, William Spindler.

    Se trata sin duda, de un tema muy delicado. Y es por eso que hay que agradecer doblemente la buena voluntad de los brasileños para recibir a los venezolanos que deciden probar suerte por allá.

    Por un lado, emigrar es un derecho humano y la movilidad de la gente, por principio, no debería ser obstaculizada.

    Por otro, cuando las emigraciones son colectivas, como está sucediendo ahora, es lógico que se genere inquietud en las naciones receptoras por un eventual colapso de los servicios de las localidades a las cuales arriban.

    Todos sabemos que casos similares se han dado también en las poblaciones fronterizas de la hermana Colombia, donde se han recibido reiteradamente a venezolanos, incluso a muchos que solamente van de paso por el país, ya que han decidido como destino otras tierras, como Ecuador, Perú o Chile.

    En resumen, lo que toca es agradecer a los vecinos que tienen la buena voluntad de recibir a los compatriotas que tomaron la decisión de partir. Y entender que hacen un esfuerzo por mostrar una hospitalidad digna no solamente del continente latinoamericano, sino del género humano en general. Con ese buen comienzo, seguramente todo irá bien para nuestros viajeros y podrán encontra el bienestar que salieron a buscar.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 03-08-2018
    “Venezuela y gasolina”
    Ha llegado el día inevitable. Ese, de la arruga que se había corrido insistentemente. Venezuela tiene que revisar el precio de su gasolina.

    El tema se había convertido en un temible tabú desde hace casi treinta años, cuando en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se intentó sincerar una economía venezolana donde el subsidio era la norma y se estaban creando enormes distorsiones.

    En aquel año de 1989 sucedió el llamado Caracazo, cuando en el marco de una serie de reajustes económicos se incrementó el precio del combustible, lo que llevó a su vez a subir el de los pasajes y finalmente detonaron una serie de protestas de calle.

    Como dicen, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Ese intento de equilibrar los malos hábitos económicos que arrastraba Venezuela, fue lamentablemente implementado de manera inadecuada en muchos sentidos, y desde entonces se le agarró lógico miedo a la tarea. Una tarea que quedó pendiente por casi tres décadas.

    Sin embargo, cabe preguntarse: ¿se solucionará ese asunto tan postergado con las medidas actuales?

    Lo cierto es que, al día de hoy, nos encontramos con el hecho de que el combustible en nuestra tierra verá cambiar sus precios de manera notable, en el marco de una segunda reconversión monetaria, esta vez eliminando cinco ceros a la moneda. Esto, aunado a los tres que se le quitaron en la década pasada, haría un total de ocho.

    Ciertamente, parece que la administración actual no encontró mejor momento ni mejor motivo para enfrentar el temido y postergado tema de la gasolina. El precio que veíamos pagando se hace inmanejable en la nueva moneda. Y esto es apenas una de las muestras de los desajustes que presenta la economía venezolana, uno de los síntomas de lo profundamente enferma que se encuentra.

    Primeramente, hay que decirlo, todos los países productores de petróleo pagan su combustible en el mercado interno a precios internacionales. No hay privilegio alguno para ellos.

    En segundo lugar, es cierto que el mercado venezolano se abastecía a pérdida desde hace mucho tiempo. La ilusión saudita que ha empañado la sinceridad de lo que sucede en nuestro país no es para nada nueva y se pierde en la memoria. En esta oportunidad, el gobierno tiene su punto de razón.

    Sin embargo, pareciera que las distorsiones económicas nos han llevado ya demasiado lejos. Y hablamos de esas distorsiones sembradas hace ya mucho tiempo, que entre otras consecuencias, convirtieron la revisión de los precios del combustible en un asunto a ser eternamente evadido.

    Es aquí donde cabe la pregunta: ¿vamos finalmente bien? Respondemos de inmediato: no lo creemos.

    Lamentablemente, esta revisión de los precios de la gasolina llega en un panorama económico adverso y desolador. Aún está muy lejos de llegar a los precios internacionales, pero por otro lado la capacidad de compra del venezolano está tan golpeada por la recesión que, aún manteniendo el aumento en niveles conservadores, se hace muy cuesta arriba pagarlo.

    Siempre lo hemos dicho y no nos cansaremos de repetirlo: la verdadera prosperidad para un país se construye desde las libertades a la iniciativa particular, aupadas por un gobierno que se asocie en ello, creando el clima y las iniciativas necesarias para la confianza.

    Lamentablemente marchamos en el sentido exactamente contrario desde hace demasiado tiempo y no vemos señal alguna de corregir este error histórico.

    Reconversión monetaria y ajuste de precios de combustibles serán tragados por el pantano de los desbalances administrativos del país, y creemos que en muy corto plazo si no se cambia de rumbo.

    También caben interrogantes ante el hecho de pretender imponer la intermediación del llamado Carnet de la Patria para tener acceso al suministro de combustible, ya que se trata de otra restricción más a las libertades. ¿es esto realmente necesario? ¿Qué hay tras esta propuesta?

    Porque en el funcionamiento deseable de toda economía, cada ciudadano tendría libre acceso a cuanto combustible necesitara, y tendría cómo pagarlo, gracias a sus propios ingresos.

    Vale acotar que en ningún lugar del mundo la gasolina es “barata”. En ninguno, excepto en Venezuela. En todas partes se cuida su consumo. El mundo entero busca energías alternativas, no solo por el costo sino también por la contaminación al ambiente.

    Sin embargo, este nuevo escenario que se nos presenta resuelve muy poco desde nuestro punto de vista. Una decisión que debió tomarse hace años y como parte de medidas más complejas y absolutamente distintas, llega en el marco de un país exhausto y sin músculo para abordar sus propias e impostergables transformaciones. Incluso las que serían para su propio bien.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 27-07-2018
    “La cumbre de las cumbres”
    Si alguna noticia de interés global ha traído cola en las últimas semanas, es la de la ya célebre cumbre entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su colega ruso, Vladimir Putin.

    Y no es para menos, ya que se trata del encuentro entre los máximos líderes de dos países opuestos, potencias enormes e históricamente irreconciliables y cuya enemistad puso al mundo al borde de una tercera guerra mundial que hubiera sido letal para la humanidad.

    Y es que, aunque los años hayan traído una beneficiosa distensión en el ambiente, aún hoy la dicotomía EEUU/Rusia es un paradigma de opuestos para el mundo entero.

    El encuentro en cuestión se dio en la ciudad de Helsinki, y con un par de mandatarios que de una u otra manera, representan emblemáticamente a sus respectivas naciones.

    Si bien Trump no ha hecho formalmente carrera política sino hasta hace muy poco tiempo, sí es muy cierto que representa ideales estadounidenses por el hecho de ser un empresario que ha multiplicado exponencialmente su fortuna, iniciada tiempo atrás por un abuelo inmigrante. Riqueza e inmigración son quizá dos de los paradigmas que más definen la imagen estadounidense ante el mundo.

    Por si fuera poco, fue un hombre muy mediático desde siempre; lo cual le allanó el camino hacia los terrenos políticos que siempre deseó sin ocultarlo.

    Putin, por su parte, viene de la vieja escuela de la KGB, el poderoso -y temido- organismo de inteligencia de la era soviética, aparentemente superada; pero aún latente en la cultura rusa, porque fue lo que marcó casi todo el siglo XX de aquella nación.

    Sin embargo, lo novedoso del encuentro fue sin duda la aparente empatía que se dio entre ambos. Algo que era de esperarse si revisamos los más recientes antecedentes de la relación, pero que no deja de sorprender de cara a todo ese largo y complejo contexto histórico que ambas tierras comparten.

    Quizá el punto más álgido de la cumbre giró en torno al delicado tema de una presunta intervención cibernética de Rusia en las elecciones presidenciales de EEUU en 2016. Ha sido un fantasma que ha acosado a Trump y que reflota de tanto en tanto, sin terminar de desaparecer.

    Como era de esperarse, el asunto apareció en el mencionado encuentro y, detalles más, detalles menos, se desarrolló según podía preverse. La novedad vino cuando el primer magistrado de Estados Unidos rubricó las palabras de Putin, quien negó esta intervención. Pero dicha sorpresa no fue tanto por el endoso que a esa afirmación dio Trump, sino porque puso la palabra de su par ruso por encima de la de los organismos de inteligencia de su propio gobierno.

    Y esto sí fue una sorpresa, porque la administración estadounidense ha sido por tradición monolítica ante temas de política exterior, más aún si se trata de un adversario histórico, por más que hayan bajado las tensiones en el siglo actual.

    Si algo es admirable de la política de Washington, es su propósito de resolver las fisuras internas a puerta cerrada y ofrecer ante el planeta la imagen de una nación unificada de cara a su relación con terceros.

    También ha sido digno de observar el hecho de cómo se manifestó la opinión pública estadounidense ante la mencionada situación. El cuestionamiento colectivo pesó de tal manera, que Trump debió hacer una aclaratoria. Todo un logro, que representa cómo se desenvuelven las cosas en un país democrático.

    El mandatario debió manifestar públicamente su respaldo a los servicios de inteligencia estadounidenses y aclarar que todo fue un malentendido. Se atribuyó a sí mismo un error en una palabra, afirmando que dijo “deberían” (would) en un momento en el cual pretendía decir “no deberían” (wouldn’t).

    Aún pesa la duda sobre la explicación, ya que analistas del discurso consideran que el cambio de palabra no es coherente con el resto de lo dicho, que sigue apuntando a defender al gobierno de Moscú ante la acusación.

    Sin embargo, lo que sí es digno de reconocimiento, es la voluntad de rectificar y el reconocimiento por parte del mismo Trump hacia los servicios de inteligencia de su propio país. Dos acciones que en definitiva apaciguaron un poco las pasiones de sus críticos y que le permitieron demostrar que, aunque es un hombre de negocios prestado a la política, entiende claramente cuál es su deber ante el compromiso actual.

    El corolario de estas marchas y contramarchas es la invitación que le hizo a Putin a Washington, una ocasión que -de concretarse- sería histórica y que podría terminar de cerrar las brechas entre dos formas de ver el mundo. Moscú aún no responde e incluso, parece evadir. El suspenso se prolonga.

    Aunque cada quien seguirá en su órbita, sin duda esto precipitará nuevos acontecimientos de interés internacional que deberían ser seguidos por todos.

    David Uzcátegui
  • 20-07-2018
    “Las lecciones del Mundial”
    Bien dicen por allí que el deporte es la mejor metáfora de la vida. Y este recién finalizado Mundial de Rusia 2018, nos deja un complejo, apasionante y enriquecedor retrato de la humanidad en el momento histórico que actualmente atravesamos.

    Comenzaremos hablando de los ganadores, de Francia. A muchos les llamó la atención -y no es para menos- la diversidad étnica y cultural de la oncena.

    Afirmamos que esto habla maravillosamente de Francia. A través del retrato que dio al mundo entero su representación deportiva, inferimos la integración de quienes llegan a esa nación. Tocar a sus fronteras significa que los mejores puede tener la oportunidad de progresar y crecer en sus tierras, así como de alcanzar sus más altas aspiraciones.

    Esa Europa que sigue siendo una referencia para el mundo civilizado actual, se la está viendo difícil con la crisis de migración que actualmente padece, y que nos ha mostrado ingratos episodios en los últimos tiempos.

    Pero en contrapartida, pudimos ver en la esperada final la otra cara de la moneda. Una cara de triunfo y de sueños posibles, de metas logradas, de motivación a seguir adelante. Hechos reconfortantes, que por fin se contraponen a los testimonios desgarradores que nos han golpeado en otros momentos.

    Lo vivido en esa final habla al mundo muy bien de la Francia de hoy, la misma de la histórica revolución asociada a su nombre en 1789 y de aquel lema que se conoce en el mundo entero: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Al menos en la cancha, lo pudimos ver materializado. Y es algo ejemplar: el testimonio de que una nación ponga en hechos lo que primero puso en palabras. No todos lo hacen.

    Lamentablemente, algunos se regodearon en criticar la característica diversa de los representantes de Francia. Desde nuestro punto de vista, se trata de gente que no entiende hacia dónde marcha el género humano, que no termina de enterrar prejuicios que han debido quedarse en el siglo pasado y que serán finalmente callados por hechos como el desenlace de esta motivadora competencia deportiva, que ganó la atención de todos.

    Mención aparte merece el presidente francés, Emmanuel Macron. Este político, filósofo y economista de 40 años es de una nueva generación que rompe con el acartonamiento predecesor.

    Su entusiasmo al apoyar a los representantes deportivos de su país también generó titulares e imágenes que le dieron la vuelta al mundo, tanto como su calidez y cercanía al felicitar a los ganadores. Macron se baja del pedestal sin perder la majestad de su relevante cargo. Un ejemplo que quedará para la historia.

    Otro de los aspectos que más conmovió a todos los seguidores del evento alrededor del mundo, fue la participación de Croacia. Unos subcampeones con una trayectoria que merece ser conocida.

    Esta pequeña nación europea de turbulenta historia, luchó duramente hasta apenas ayer por su independencia e identidad. Recién con la llegada del siglo XXI es cuando alcanza la democracia y su ingreso a la Unión Europea.

    Discretamente y con perseverancia ejemplar, este pueblo ha alcanzado su estabilidad y su paz. La llegada al Mundial Rusia 2018 y su estelar papel para adueñarse del segundo lugar, son apenas algunos síntomas de la paz y el progreso que han alcanzado como colectividad, tras haber cerrado las puertas definitivamente a uno de los procesos históricos más crueles de la historia europea.

    Su presidente, Kolinda Grabar-Kitarovic, también logró que los focos se posaran sobre ella. El gesto de sencillez y humildad de viajar a a apoyar a sus jugadores en una aerolínea comercial, amén de pagar el pasaje de su bolsillo, nos habló de una administración austera, propia de un país que viene de recomponerse de dolores y privaciones y conoce por sus padecimientos el valor de las cosas.

    Al igual que Macron, la señora Grabar-Kitarovic fue especialmente cálida cuando le tocó reconocer el esfuerzo de ambos equipos en el campo de juego. Los dos mandatarios ofrecieron al planeta el perfil de lo que serán los presidentes de las naciones en los años por venir. Y por ello, despertaron entusiasmo y simpatías, de una manera reservada a muy pocos políticos en el mundo y en la historia.

    En resumen, creemos que el Mundial logró su cometido. Desde la convocatoria inclusiva del deporte, le puso la vara aún más alta a la humanidad entera, en términos de avance y de inclusión.

    Todos los protagonistas señalaron cuál es el rumbo a seguir de aquí en adelante. Dentro de tanta noticia amarga que nos colma todos los días, nos permitimos un rato de optimismo por lo que vimos en Rusia. Cosas buenas quedaron sembradas y tendrán su repercusión en los más inimaginables rincones del mundo. Gracias a todos ellos por el buen ejemplo.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 12-07-2018
    “A Dios rogando”
    Hace pocos días, la prensa nacional nos sorprendió con un titular bastante inesperado e inusual: la compañía Petróleos de Venezuela, convocó a una misa para orar por el incremento de su producción.

    Reseñan las informaciones que la ceremonia se efectuó en la sede de la empresa y que la eucaristía fue impartida por el sacerdote de la iglesia La Resurrección del Señor de Caricuao, Pablo Urquiaga.

    Según recoge el órgano informativo Petroguía “La recuperación de Pdvsa es también la recuperación de todo el país”, fue lo que dijo el sacerdote durante la misa. Una verdad -nunca mejor dicho- del tamaño de un templo.

    El gesto ha sido criticado por muchos. Incluso, la nota fue retirada de la página web del Ministerio del Petróleo. Se argumenta que dejar la solución de la baja en la producción petrolera a factores intangibles, es por decir lo menos, una pérdida de tiempo.

    De nuestra parte, sin embargo, sí pensamos que se puede rescatar el gesto.

    Podría tomarse como una necesaria y esperada reconciliación de quienes hoy gobiernan con la vapuleada iglesia católica, que ha sido objeto de señalamientos y ácidas críticas desde hace muchos años por parte del poder.

    Además, hay que señalar la humildad que se puede leer en el hecho, ya que se puede entender que la complejidad de la situación nacional -no solamente de la petrolera- necesita del reconocimiento de un poder superior para comenzar a encontrar una salida. Y esta iniciativa, creemos, bien podría simbolizar el inicio de esa búsqueda.

    También, implícitamente, se reconoce algo que oficialmente se ha negado de manera reiterada: el declive de la producción petrolera nacional. Si el propio organismo a cargo de esa medular tarea organiza una misa para pedir por su incremento, queda claro que lo que se produce ahora mismo es insuficiente.

    Como dato relevante, vale citar un despacho de la agencia internacional de noticias Reuters, fechado el 21 de mayo de 2018, que dice: “La OPEP está observando con atención el descenso en la producción petrolera de Venezuela para evaluar si la pérdida de suministro del país miembro amerita tomar medidas, dijeron fuentes en conocimiento del tema”. Un dato que confirma que los motivos para convocar a la misa no solamente son reales, sino noticia internacional.

    Y por supuesto, estamos hablando de nuestro único recurso, en el cual se centró exclusivamente la fe gubernamental para sostener al país, y que no se usó en la época de las vacas gordas para asegurar educación, salud, seguridad, infraestructura y tantas horas necesidades que hoy nos aquejan, y que no hubieran llegado la los niveles actuales si hubiéramos contado con un poco de planificación.

    Sin embargo, nunca ha sido mejor momento para recordar aquel refrán, tan manoseado como cierto, que reza: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

    Reiteramos que nos parece una noticia muy positiva la empatía de los funcionarios nacionales con la rica vida espiritual que siempre ha detentado el venezolano, especialmente si viene de manos del cristianismo, fe que profesamos una enorme mayoría de los habitantes de este país y que, a nuestro modo de ver, también contiene profundas y certeras enseñanzas que nos pueden ser sumamente útiles en tiempos tan adversos.

    Sin embargo, también hay que acompañar la fe con hechos. Y eso significa entre otras cosas, mirar puertas adentro de nuestra compañía petrolera. La misma que ha dejado escapar su capital humano durante más de tres lustros, para que brille en otras tierras, demostrando cuánto conocen del negocio los venezolanos que se formaron en esta industria, en este país.

    Si algo ha desestimado esta administración, es al capital humano. Hace unos cuantos años, en PDVSA circulaba una palabra que muchos recordarán: meritocracia. Significaba, ni más ni menos que ascender por méritos, por merecimiento. Conocer y aportar esos conocimientos, la experiencia.

    Sin embargo, la palabra y el hábito mismo fueron satanizados. Aquel encontronazo entre el gobierno y la gente de PDVSA, hace más de 15 años, dejó marcada a la compañía. Hoy, tras una inútil terquedad, vemos los resultados.

    Estamos muy lejos de conocer a fondo la compleja industria, más allá de seguir su desempeño como venezolanos, porque todos deberíamos estar al tanto de cómo se desenvuelve una operación industrial que nos pertenece a todos, y que, para bien o para mal, es nuestro sustento en este momento. Y no hay otra alternativa.

    Sin embargo, nos parece que, más allá del atinado gesto de la misa, se deberían desandar los caminos plagados de errores de esta década y media, porque solamente con la gente y con una labor profesional y atinada, podemos optimizar al único recurso que hoy tenemos para salir adelante. Hay que hacer. Y hacer en la dirección correcta.



    David Uzcátegui

    Twitter: @DavidUzcategui

    Instagram: @DUzcategui
 
Todos los Derechos Reservados - David Uzcátegui © 2011,
Producido y Diseñado por:
Tecnoweb