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  • 05-11-2019
    “Venezuela se desborda”
    La progresiva imposición de requisitos por parte de países vecinos para que a los venezolanos les sea permitido entrar a sus respectivos territorios, solamente puede ser interpretada de una manera: es imposible seguir negando o minimizando el éxodo de compatriotas.

    Esta semana pudimos conocer que el gobierno ecuatoriano implementará la solicitud de una visa de carácter humanitario, como requisito a los venezolanos que deseen ingresar a Ecuador.

    Sin embargo, ¿cuál es la razón para que países que antes no pedían visa a nuestros connacionales lo estén haciendo?

    En este caso, la propuesta partió del presidente de esa nación, Lenin Moreno. Su justificación asegura que que, hasta la fecha, "400.000 hermanos venezolanos se han asentado en Ecuador, nadie esperaba esa gran corriente migratoria en una cantidad que es superior a la migración de hermanos centroamericanos a los Estados Unidos, en forma proporcional".

    La novedad tomó por sorpresa a numerosos compatriotas que se encontraban en territorio colombiano, efectuando el viaje hacia la frontera con Ecuador, basados en la esperanza de poder entrar a ese país, bien fuera para quedarse residiendo o con el fin de continuar su tránsito hacia otras naciones que los están acogiendo, como Perú o Chile.

    Esto, demás está decirlo, ha colocado una carga adicional sobre Colombia, principal país receptor de emigrantes venezolanos. Los coterráneos que se quedaron varados por el nuevo requisito, se ven ahora obligados a quedarse contra su voluntad en territorio colombiano, un país que ya ha recibido con enorme generosidad a un gran número de nuestros emigrantes.

    Por su parte, la Fundación de Venezolanos en el Exterior (Funvex) de Ecuador pidió al presidente ecuatoriano mayor flexibilización en los requisitos de entrada al país.

    Su director, Eduardo Febres Cordero, explicó a la agencia internacional de noticias Efe que "lo único que nosotros podríamos pedir al presidente Moreno de antemano, es que flexibilice el tema de las multas, de los antecedentes penales apostillados y acepte definitivamente los pasaportes venezolanos vencidos, como lo han hecho algunos otros países".

    Algo similar ocurrió también recientemente con Chile, país ya mencionado más arriba y que ha sido otro de los receptores de la diáspora venezolana. Su gobierno puso en vigencia desde el 9 de abril del año 2018 una “Visa de Responsabilidad Democrática”, para aquellos venezolanos que quieren establecerse allá. A mediados de este mes de agosto, modificaron los requerimientos para solicitar requisitos adicionales a los aspirantes a entrar a la nación austral.

    ¿Es casualidad que todo esto ocurra de manera simultánea? Para nada. Simplemente se debe al campanazo de alerta regional: los venezolanos que salen de su país se multiplican ante el empeoramiento de la situación nacional. Y este éxodo no menguará, a menos que Venezuela pueda ver con certeza cambios para bien en su administración.

    La emigración no es moda ni capricho, es una decisión extrema de dejar atrás a seres queridos, al entorno donde se nació y se creció, a las competencias y habilidades que nos definen como personas, para empezar de cero y desde la incertidumbre.

    No hay duda de que quienes se lanzan a esta aventura lo han pensado una y mil veces antes de decidirse. Y si lo hacen, es porque no vislumbran otra salida.

    Los voceros habituales ya han salido una y otra vez a negarlo, a descalificarlo, a disminuirlo; pero la avalancha de noticias que sale desde las naciones receptoras, no deja margen para el equívoco: el éxodo venezolano es numeroso y se debe al fracaso de un modelo que nos ha conducido erradamente por un despeñadero.

    Tampoco ha servido de mucho la campaña propagandística de venezolanos regresando al país, altamente sesgada y manipulada; tanto así, que sencillamente nadie la cree. El efecto de unos pocos devolviéndose contra muchos que se van, va bastante más allá de lo nulo.

    Ya el problema adquirió dimensiones internacionales y se encuentra en manos de los gobiernos de los países receptores, quienes hacen lo imposible por administrar con la máxima sensatez posible lo que ellos mismos han calificado como inesperado.

    Y lo cierto es que no podemos pedir más a quienes acogen a estos “caminantes”, como se ha dado en llamarles. Los países vecinos han recibido a varios cientos de miles –más de seiscientos mil en Colombia, por ejemplo– y escapa a nuestra imaginación el compromiso que esto significa en todo sentido.

    La solución, por ahora, reside en nuestra imaginación. Ojalá todo cambiara en nuestro país, ojalá se pudieran honrar los derechos de vida y bienestar, ojalá quienes se han ido regresaran. Simplemente, ojalá que esto no estuviera sucediendo, es lo que todos deseamos. Ojalá que esa no fuera la última salida.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui

  • 25-11-2019
    “Cuando el dólar nos alcance”
    Durante dos décadas, el malo de este cuento había sido el dólar. Para quienes han gobernado todos estos años, era la semilla de todo lo que consideran malo.

    Pero un buen día, nos levantamos con un giro inesperado. Ahora el dólar es buena gente. Es chévere, es bienvenido, es la salvación. Es el soldado que llega a rescatar al rehén en las películas gringas y nos brinda el deseado final feliz.

    Lo primero que tocaba hacer ese día era chequear el almanaque, no fuera 28 de diciembre y hubiéramos caído por inocentes. Pero no, era en serio. Si es que la palabra seriedad puede tener algún significado en el país que padecemos.

    Nos ha tocado leer por estos días titulares como “El fenómeno surgió por la autorregulación necesaria de la economía venezolana”, “Actúa como una válvula de escape”, “Aporta a la recuperación y despliegue de las fuerzas productivas”. Lo dicen los mismos que hasta la semana pasada perseguían y criminalizaban a la moneda de George Washington.

    Para quienes se hayan perdido en esta historia, tenemos que echar un poco para atrás. Sí, en algún momento, la solidez de la economía venezolana generó que el precio de la divisa estadounidense se mantuviera estable en nuestro país por décadas, sin intervención ni regulación alguna del Estado.

    Fueron los tiempos del famoso y añorado dólar a 4,30 bolívares. Muchos no lo conocieron, porque llegó hasta el 18 de febrero de 1983, el tristemente célebre “Viernes Negro”, que acabó con aquella ilusión de estabilidad.

    Desde aquel día, la moneda norteamericana inició su camino cuesta arriba, generando en el trayecto dos controles de cambio, los cuales fueron temporales ya que tenían el objetivo de estabilizarla en momentos cuando su ascenso se hacía más pronunciado.

    Y ya, desde aquel momento, unos controles cambiarios que se implementaron temporalmente demostraron los peligros colaterales que traen. Distorsión en los mercados, nerviosismo y un comportamiento que al final confirma que es peor el remedio que la enfermedad.

    Sin embargo, en enero 2003, cuando el dólar había acumulado un alza significativa en cuatro años, se implantó el más estricto y prolongado control de divisas que haya conocido nuestro país. Irónicamente, se dijo que en principio sería solamente implementado por cinco días.

    Los efectos ya los hemos conocido: burocracia, ralentización de la economía, cotizaciones alternativas de la moneda referencial extranjera, imposibilidad de acceder a bienes y servicios, además de la utilización del acceso a la moneda preferecial como sistema de castigos y recompensas.

    Con todo esto, se logra la creación de un clima de nerviosismo que termina por hacer que la gente se cuestione la razón del control cambiario y llegue a una conclusión: es mejor refugiarse en la divisa fuerte. Por algo todo el mundo lo hace alrededor del planeta, y muy especialmente en las economías con rasgos inestables.

    Conclusión: una vez más el control de las transacciones en divisas conduce exactamente a lo opuesto de lo que busca.

    Y el hecho de que la política cambiaria no logró su objetivo, lo confirmó la prolongación del mismo control de cambio, que se ha quedado por más de década y media.

    Algo insólito e impensable, especialmente porque se supone que este tipo de medidas son temporales y solamente se implementan con el propósito de atajar una situación coyuntural. Su extensión en el tiempo demuestra que jamás se logró contener dicha situación.

    Pero a esto hay que sumar más. En 2008, cuando el dólar superaba los 6.000 bolívares antiguos y acumulaba una subida del 910%, se retiraron tres ceros a la moneda, y se le rebautizó como "bolívar fuerte". Una acción que demostró que el control cambiario, implementado cinco años antes, poco había hecho por la economía nacional.

    Es así como nace el bolívar soberano, una confirmación de aquella máxima que reza: “Si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre obtendrás lo que siempre has obtenido”.

    La repetición de la reconversión monetaria sin tomar con anterioridad radicales medidas de fondo para sanear la economía, estaba condenada a ser inútil. Y más allá de eso, a serlo en un lapso mucho más breve que el anterior intento.

    La segunda reconversión reconfirmó que no se pudo domesticar al rebelde dólar. Ahora, hay que rendirse al enemigo, hay que reconocer que ganó y aplicar aquella famosa frase de “Si no puedes vencerlo, únete”.

    Para decirlo en pocas palabras, todo mercado busca viabilidad. Las políticas que debilitaron al bolívar, unidas al hostigamiento a la producción privada, hicieron inviable la estabilidad de nuestra moneda.

    La realidad nos demuestra que las leyes de la economía buscan su cauce y que el ignorarlas, solamente lleva a empeorar la situación. Ojalá se tome nota de la lección para ocasiones futuras.

    David Uzcátegui
    Twitter:@DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 18-11-2019
    “Petro: ¿una solución?”
    De cara al cada vez más complejo panorama económico que padece Venezuela, una de las más recientes noticias en las últimas semanas es la reflotación del petro como alternativa de transacciones dentro del territorio nacional, con el fin de supuestamente resolver trámites cotidianos que se han hecho cuesta arriba por la volatilidad del panorama financiero del país.

    Como muchos ya saben, el petro es una criptomoneda creada por el gobierno venezolano en 2017, que en teoría está respaldada por nuestras reservas petroleras. El asunto ya había sido mencionado en el año 2009, como la posibilidad de una moneda virtual respaldada en reservas petroleras. Tomó fuerza en 2016, tras conocerse de la emisión de instrumentos financieros similares con respaldo en reservas de oro.

    Sin embargo, desde su concepción esta idea ha sido cuestionada dentro y fuera del país.

    La crítica más elemental es que esta moneda virtual sea emitida por un Estado o gobierno. Y es que la viabilidad de este instrumento de intercambio económico tiene que ver con su independencia, con su autorregulación a través de las leyes del mercado y, sobre todo, con su independencia de cualquier agenda o interés ajeno a la criptomoneda en sí misma. Eso es algo que contradice los intereses o propósitos que pudiera tener cualquier tercero que esté tras la iniciativa; más aún al tratarse de un ente gubernamental, cualquiera que este sea, el cual obviamente tiene tanto una agenda como unos intereses.

    El petro ha desaparecido y reflotado en las conversaciones de opinión pública, sin terminar de definirse exactamente qué es, para qué sirve, cuánto vale y cuáles son los patrones de referencia de su valor.

    En todo caso, la idea de que un gobierno o Estado emita una criptomoneda, podría ser potable en tanto y en cuanto ese ente emisor tuviera unas finanzas prístinas y ordenadas. Lamentablemente no es el caso de nuestro país en este momento, y ello solamente echa más leña al fuego de quienes no creen en el ya famoso petro.

    Lo cierto es que, barajando las opciones para conseguir una válvula de escape al complicado panorama económico nacional, parece que fuera un buen momento para echarle mano a una moneda virtual que haga un poco más llevadera la vida.

    Y es que con los reiterados incrementos en los precios, el nuevo bolívar soberano también se ha convertido en inmanejable para la cotidianidad, como ya lo fuera el bolívar fuerte y su antecesor, el bolívar.

    Es así como nos enteramos de la novedad de que algunos entes públicos anuncian que sus gestiones podrían ser canceladas en petros. También la banca pública anuncia que será posible transar en esa divisa en sus taquillas. Por si fuera poco, hasta se habla de una “Petro Shop”, que no sería otra cosa que uno de esos mercados virtuales de compra-venta en línea, tan populares bajo denominaciones comerciales como “Mercado Libre”. El asunto es que este solamente permitiría transacciones con la criptomoneda que supuestamente está garantizada con las reservas petroleras.

    También se ha propuesto que la utilicen quienes necesitan hacer transacciones por inmuebles o vehículos, e incluso que las empresas lleven una doble contabilidad en bolívares soberanos y petros.

    Todo esto suena a que la criptomoneda podría colarse en la cotidianidad nacional. Pero, ¿será posible? A estas alturas del partido, cualquier cosa que suene a alivio en la complejidad del día a día de nuestro país, es bienvenida.

    Pero el problema es que el petro, al parecer, es mucho más virtual de lo que debería ser.

    La comisión de economía del Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), emitió un comunicado en el cual hace observaciones a esta nueva posibilidad de transacción económica.

    Consideran que “resulta innegable la importancia y relevancia que tiene el uso de las criptomonedas en Venezuela, dada la limitación que sufren las empresas y los ciudadanos venezolanos para darle movilidad por diversos factores a su dinero en bolívares”.

    Sin embargo, agregan que “la estrategia de uso del mismo pareciera por los momentos no tener ningún tipo de conectividad con el Banco Central de Venezuela. No existe una política económica consistente y armónica detrás del petro, lo cual simplemente sigue aumentando la incertidumbre y las dudas en torno al proyecto.”

    A lo cual se agrega un obstáculo de tipo netamente práctico: las irregularidades en las prestaciones de los servicios eléctricos y de internet en el país convierten cualquier tipo de transacción electrónica en un ejercicio de azar y fortuna.

    Lamentándolo mucho, nos sentimos pesimistas. Y es que, aún comprando la posibilidad de que sea una propuesta hecha con la mejor intención, siempre cabe recordar aquello de que “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 29-11-2019
    “Latinoamérica no es como la pintan”
    El triunfo del centroderechista Luis Lacalle Pou en las recientes elecciones presidenciales de Uruguay, nos sigue confirmando que –en cuanto a política– Latinoamérica es un terreno movedizo.

    Así se rompe en ese país la continuidad de las administraciones de signo izquierdista, con las cuales los interesados pretendían definir a es nación como perteneciente a ese polo político. Una insinuación de que dicho sesgo era algo así como genéticamente intrínseco a sus ciudadanos.

    En todo caso, el margen fue estrecho y en segunda vuelta, llevando incluso a momentos de tensión. Algo que debería servir para que el nuevo gobierno tome nota y no se crea el portador de un cheque en blanco, una tendencia a la que no pocos gobernantes de la región han sido proclives, y cuyos daños siempre y al final son pagados por la gente.

    También sirvió la reciente experiencia uruguaya para lograr un concierto de fuerzas que apoyaran a Lacalle, con el fin de concretar la alternancia en el poder, tras unos cuantos años de administraciones de izquierda. Adicionalmente fue pues, una demostración de que la unidad en el propósito puede conseguir cambios contundentes en las realidades.

    Y es que hay tendencias políticas que, desde hace mucho tiempo pretenden reclamar para sí el continente, sin demasiado éxito que digamos. Los hechos demuestran que este territorio es más indómito y rebelde de lo que a algunos les convendría.

    Cuando no está presionado por corsés autoritarios, el latinoamericano parece tener tendencias a votar pendularmente.

    Así sucedió por ejemplo recientemente en Argentina, donde el presidente saliente Mauricio Macri no pudo remendar a satisfacción del electorado las abolladuras dejadas por casi década y media de kirchnerismo y lo castigaron… volviendo a traer a Cristina Fernández al poder, por interpuesta persona de Alberto Fernández. Así que los Kirchner están de vuelta.

    Un experimento que a muchos inquieta, mientras otros tantos esperan que el león no sea tan fiero como lo pintan, que haya moderación de parte del señor Fernández; aunque se sepa que su mentora es de armas tomar.

    Y aún bajo la férula autoritaria, Latinoamérica se pronuncia por la alternancia en el poder. No podemos afirmar si es por sentido democrático, por hartazgo de los errores y abusos de quienes pretenden enquistarse en las posiciones de mando, o por una mezcla de ambas cosas.

    En todo caso, así sucedió también en Bolivia, donde otro mandatario que pretendía escudarse bajo la patente de corso de una supuesta revolución, salió abruptamente del poder.

    Evo Morales insistió en mandatos sucesivos que pasaban por encima de la Constitución y que no eran aprobados por el pueblo. Incluso, llevó el tema a un referendo que perdió; pero aún así se lanzó a un intento por alcanzar el cuarto período, en unas elecciones duramente cuestionadas. El señalamiento de irregularidades por parte de la Organización de Estados Americanos lo empeoró todo, al punto de hacer inviable su pretensión.

    Así fue como el lema “Evo es pueblo” demostró no ser mucho más que un eslogan propagandístico, ante una ciudadanía que no se sintió representada y que dio pie a una transición hacia un nuevo escenario político y de poder en Bolivia.

    Escenario que aún no está muy claro, pero que parece encauzarse por el camino adecuado y que esperamos se resuelva de manera institucional y democrática, por el bien de Bolivia, los bolivianos y la región toda, cuyos países son tan propensos a contagios de este tipo de situaciones.

    En síntesis, nuestro continente no parece sellado por ningún color o tendencia política. Se mueve pendularmente, castiga cuando no hay resultados y se rebela cuando las cosas pasan la raya amarilla.

    No parece casado con ninguna ideología o adjetivo, sino más bien con la eterna lucha por el bienestar de su gente, regularmente torpedeado por malas administraciones o por pretensiones de prolongar la estadía en el poder más allá de lo democráticamente sano y lógico.

    En todo caso, la única tendencia que parece ser cierta en la región es la alternancia, y el fiel de la balanza aparentemente es la calidad de vida que los gobernantes logren para sus ciudadanos. No hay apegos hacia un lado o pruritos hacia el otro.

    Y más allá de ello, los habitantes de estas tierras parecemos estar más allá de la trampa de seguir rotulando a las propuestas políticas como izquierdas o derechas. Sería mejor que habláramos de buenas y malas, tomando como parámetros sus resultados.

    Y nuestros países no parecen dispuestos a dejarse encarrilar por intereses de ningún tipo, más allá de la aspiración al bienestar de la ciudadanía. Esa es la realidad, aunque les duela a unos y a otros. Partir de aceptarla es la mejor manera de trabajar por el cambio para bien.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
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  • 05-11-2019
    “Elecciones y cambio “
    Si bien la región latinoamericana ha sido estremecida recientemente por sucesos inesperados y difíciles, también nos ha mostrado la otra cara de la moneda, al propiciar cambios mediante elecciones. Cambios complejos y que no se pueden analizar a la ligera.

    Los más recientes eventos comiciales en Argentina, Uruguay y Colombia traen primero que nada la buena noticia de que los comicios siguen robustos, mandando así un mensaje contra la violencia y las posiciones extremas.

    Porque si algo es cierto es que, para bien o para mal, los votantes se inclinaron por la alternabilidad, la columna vertebral de la democracia. De un modo o de otro, eligieron giros de timón que permitieran mandar una señal de que el poder sigue estando en la ciudadanía.

    Sin embargo, algunas decisiones fueron cargadas a nuestro juicio, con una visceralidad que caracteriza a la región y que no siempre conduce por los mejores caminos.

    Es el caso de Argentina, donde el presidente Mauricio Macri fue desplazado por la coalición de Alberto Fernández y su candidata a vicepresidente, la ex presidente Cristina Fernández viuda de Kirchner.

    El kirchnerismo venía de gobernar a la nación por un prologado período, estuvo cargado de políticas que consideramos equivocadas y que lanzaron una fuerte carga sobre la administración pública.

    Fue por ello que, en un momento dado, se votó por Macri, para otorgar otro rumbo al país. Sin embargo, la situación adversa heredada no pudo ser superada en un solo período presidencial. El mandatario saliente debió cargar con las responsabilidades de los errores cometidos en períodos anteriores al suyo, sumando a ello los señalamientos de que no fue lo suficientemente audaz o eficaz como para reconducir al país hacia resultados más positivos y tangibles en su gestión gubernamental.

    El mismo voto castigo que lo llevó al poder, ahora lo desaloja. Y ante la nueva presidencia de Alberto Fernández, queda la incógnita: ¿se dejará manejar por su vicepresidente? ¿O tendrá un sello propio? Muchos lo ven más centrista y moderado que la señora Kirchner y esto sería un alivio, de cara a los tremendismos que han asolado a la región en las últimas dos décadas.

    Pero para otros, es evidente que la ex presidente le endosó su capital político y se lo va a cobrar. ¿De qué manera? Una pregunta que hace crecer la lista de las incógnitas.

    Si embargo, para otros tantos, el valor de los resultados de los comicios en el país sureño, es que, al menos por ahora, la alternabilidad sigue siendo un valor presente en esas tierras. El ciudadano decide y su decisión se respeta. Es un campanazo para todos los actores políticos: hay que dar el máximo o se pierde el terreno ganado. Esperemos que esta decisión sea para bien.

    En cuanto a las elecciones celebradas también el fin de semana en Colombia, se dieron unos cuantos desenlaces novedosos y llamativos. Sin duda el más importante fue que por primera vez una mujer fuera elegida alcaldesa de Bogotá. El honor correspondió a Claudia López, de 49 años, quien no pertenece a ninguno de los tradicionales polos opuestos que han dominado la política colombiana y adicionalmente, se declara en la acera contraria al actual presidente, Iván Duque.

    Otra vez más, estamos ante el triunfo de alguien que no está bajo el paraguas del poder. Es una mujer y muchos coinciden en que eso es una noticia, ya que en nuestro continente el mundo de la política sigue dominado en un porcentaje abrumadoramente mayoritario por los hombres. El hecho de representar a las comunidades LGBT también es novedoso e implicaría cambios en una sociedad tradicionalmente de valores conservadores.

    Reseñas de los medios de comunicación resumen que los candidatos de los extremos políticos de derecha e izquierda fueron derrotados en las urnas. Adicionalmente, bajó la abstención y aumentaron los candidatos independientes.

    Por su parte, en Uruguay, el gobernante Frente Amplio y el opositor Partido Nacional tendrán que ir a segunda vuelta el 24 de noviembre, para decidir quién llevará las riendas en los próximos cinco años.

    Ninguno de los dos obtuvo el 50% necesario para ganar en primera vuelta, y los resultados –oficialista FA 39,2% de los votos; centroderechista PN un 28,6%– anuncian un equilibrio entre ambas fuerzas que hará que los ganadores tengan que pactar con los del segundo lugar.

    Nada está escrito aún, ya que Ernesto Talvi, el candidato del Partido Colorado, que quedó en tercera posición con el 12,3% de los votos, anunció que apoyará al candidato del PN en la segunda vuelta. Y no es el único.

    En conclusión, más que evaluar los matices de los resultados, interesa saber que la democracia en la región goza de buena salud, como contracara a los sucesos que nos han inquietado recientemente. Esperemos que siga siendo así.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
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  • 09-11-2019
    “Bolivia, el momento crucial“
    Como si de una operación realmente programada se tratara, la inestabilidad latinoamericana que hemos observado en las últimas semanas sigue subiendo la temperatura. Y en esta ocasión vamos a hablar de Bolivia, otra nación estremecida por acontecimientos recientes.

    El terco empeño de su gobernante, Evo Morales, por permanecer aferrado al poder, ya venía encontrando sectores adversos cada vez más crecientes desde hace rato. Sin embargo, los sucesos que rodearon al más reciente proceso comicial parecen haber sido la gota que definitivamente derramó el vaso, y lo que podría conducir a unos acontecimientos sin retorno.

    Y es que Bolivia vive desde hace más de dos semanas bajo incesantes protestas, después que la oposición y movimientos cívicos denunciaran un fraude en el recuento de votos a favor del presidente, al que el órgano electoral dio como vencedor en primera vuelta para un cuarto mandato consecutivo.

    Sin embargo, aquí existió una grave irregularidad, de cara a lo que establecen las leyes bolivianas. Las elecciones generales se realizaron el 20 de octubre pasado, no solamente para elegir al presidente y vicepresidente del Estado Plurinacional, sino también a sus 130 diputados y 36 senadores de cara al período gubernamental 2020-2025.

    El 25 de octubre el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia dio a conocer los datos del 100 por ciento del conteo, otorgando al partido Movimiento al Socialismo, de Morales, el 47,08% de los votos, mientras que Comunidad Ciudadana ,del candidato opositor Carlos Mesa, sumó 36,51% quedando descartada así una segunda vuelta.

    Pero resulta ser que las normas bolivianas establecen expresamente que, en caso de que ningún candidato alcanzara el 50% de los votos válidos o —habiendo superado el 40%— tuviese una diferencia de 10% o más sobre el segundo, el eventual balotaje para la elección presidencial es ineludible y estaba previsto que se realizaría el 15 de diciembre de 2019.

    Todo esto sucedió después que el candidato opositor Carlos Mesa había anunciado que ya era inequívoco el escenario de una segunda vuelta, tras lo cual se suspendió el conteo de votos con el 84% escrutado. Los opositores alegan que dicho conteo se suspendió justamente porque la segunda vuelta era ineludible, como lo confirman las cifras finales. Por su fuera poco, el vicepresidente del Tribunal Supremo Electoral, Antonio Costa, renuncia públicamente al considerar que es una irregularidad inaceptable la suspensión del conteo. Es este el escenario que detona las protestas.

    Ante los ojos del mundo, el gobierno de Morales saltó una norma, y no cualquiera, sino una crucial para la democracia de su nación. Una acción que amenazaba con incendiar la pradera. Y lo ha hecho.

    Es por ello que, en los últimos quince días, la nación suramericana ha vivido intensas manifestaciones exigiendo en primera instancia la segunda vuelta, pero también la renuncia de Morales, ante un hecho que es considerado inaceptable por buena parte de los bolivianos, quienes han chocado en las calles con los partidarios del mandatario cuestionado, en manifestaciones a favor y en contra que han hecho perder la paz al país.

    Pero los enfrentamientos no se han dado solamente en las calles. El Colegio de Abogados de la combativa región opositora de Santa Cruz presentó ante el Ministerio Público de ese país una denuncia penal contra los cinco vocales del Tribunal Supremo Electoral.

    Los abogados acusan a estos vocales de haber incurrido en delitos electorales como la doble o múltiple inscripción, la falsificación de documentos o uso de documentos falsificados, la manipulación informática, la alteración y ocultación de resultados, alteración o modificación del padrón, así como de las actas electorales.

    Todo esto es mucha más leña que contribuye a alimentar un fuego que, al día de hoy, no da señales de pretender apagarse.

    Lamentablemente, Evo Morales es otro representante del populismo que le ha hecho tanto daño a Latinoamérica. Se ha erigido a sí mismo como un caudillo más, de esos que pretenden hacerse los imprescindibles, con el fin de eternizarse en el poder, saltando no solamente las leyes de sus respectivas naciones, sino también las más elementales normas de la democracia.

    Hoy, importantes actores de la comunidad internacional condenan la obvia irregularidad de haber confiscado al país el derecho a la segunda vuelta, cuando no hubo manera de ocultar que los números no les daban.

    Morales se coloca así en un escenario de enorme complejidad. Ha logrado torear por años el creciente descontento y rechazo ante su tozuda decisión de no entregar el gobierno, pero las cartas para jugar se le acaban.

    ¿Podrá Bolivia hacer valer la justicia en esta delicada situación? El continente observa, porque la suerte de uno afecta a todos.

    David Uzcátegui
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