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  • 14-09-2018
    "A propósito de Colombia"
    En el medio de la ya inocultable migración de venezolanos, el asunto con nuestro país vecino y hermano ha entrado en terrenos tan inútiles como relativos y subjetivos. Y nos parece que es hora de separar la magnesia de la gimnasia.

    Diversos medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, señalan el éxodo de venezolanos a través de la frontera colombo-venezolana. Hay que comenzar diciendo que no se trata de un hecho que genere para nada extrañeza, ya que se trata sin duda de una de las líneas fronterizas más calientes de la región.

    Se pierde en la memoria el momento en el cual nació la fluidez entre los dos países a través de esa línea limítrofe, por demás artificial, ya que las poblaciones de ambos lados también han estado integradas comercial y culturalmente desde siempre.

    Sin duda es por ello que, instintivamente, numerosos venezolanos que han decidido salir del país voltean hacia esa raya imaginaria como primera alternativa, la más viable, la más posible. Quizá la única a la mano. A lo mejor porque antes ya la habían cruzado, incluso más de una vez, aunque ahora sea con la decisión de no volver.

    Colombia ha sido la primera puerta que se ha abierto para quienes sienten que deben intentar otra manera de vivir, para aquellos que se aventuran y arriesgan a probar algo distinto a este experimento que no ha resultado. Y de gentilicio a gentilicio, tenemos que estar muy agradecidos con los vecinos. Algunos compatriotas han encontrado su lugar allá, otros solamente van de paso hacia otras naciones en las cuales han fijado sus metas. Pero sí, es cierto: Colombia es la vía para muchos.

    Nada de extrañarse, entre dos tierras que alguna vez fueron una sola, que comparten el mismo origen y la misma historia, que han estado entrelazadas desde su formación como patrias hasta el sol actual.

    Por ello es que incomodan los comentarios surgidos desde el oficialismo a propósito de esta situación. Incomodan por inoportunos, por estar fuera de lugar y por hacer ruido en una situación que exige un acercamiento desde ángulos muy distintos a lo que estamos viendo y escuchando.

    El portal de noticias ruso dirigido a la comunidad internacional RT en español titula señalando que Venezuela pedirá "indemnización" a Colombia por los desplazados que recibió en 50 años y agrega en el sumario que “El presidente venezolano, Nicolás Maduro, evalúa una demanda internacional para resarcir la inversión de su país al recibir a 5,6 millones de colombianos, desplazados por el conflicto armado”.

    La controversial noticia es reseñada por numerosos medios internacionales y provoca no solamente incomodidad, sino también vergüenza.

    El periódico estadounidense en español El Nuevo Herald, amplía reseñando que “La declaración de Maduro llegó un día después de que su par colombiano, Iván Duque, planteara que es necesario el apoyo de todo el continente para enfrentar la “situación humanitaria y migratoria” de Venezuela, desde donde aseguró que se ha generado un “éxodo sin precedentes en nuestro continente”.

    A partir de este dato podemos ver cómo se origina todo. El viejo truco de intentar acallar una situación que está haciendo mucho ruido, simplemente haciendo aún más ruido.

    En el largo momento adverso de la nación colombiana, nuestros hermanos encontraron paz y progreso en estas tierras. Vinieron escapando de una tragedia. Aquí pudieron crecer, formar familias y aportar a nuestro propio crecimiento. Obtuvieron en contrapartida su propio bienestar. A la luz de lo que hemos venido exponiendo, era lo normal, lo lógico, lo que cabía esperar entre dos tierras tan hermanadas.

    No cabe más que ver a las recientes declaraciones oficialistas como un intento sumamente desatinado de cambiar el foco de las noticias. Se trata de unas afirmaciones que ni siquiera merecen respuesta alguna.

    Los colombianos que recibimos en Venezuela -muchos de ellos regresando ahora a su tierra- nos dejaron una enorme bendición con su trabajo y dedicación. Es tal su afecto por nosotros que, aún en estos momentos adversos, no son pocos los que deciden quedarse, ya que no se imaginan a sí mismos en otro lugar distinto a la patria que adoptaron por circunstancia y por decisión.

    Todos los inmigrantes que han llegado a Venezuela han recibido, sí, y mucho. Pero también han aportado al crecimiento de nuestra nación. Es algo que bien saben los países con tradición de recibir inmigrantes. Están abriendo las puertas a fuerzas de trabajo, a gente que viene con las mejores intenciones y con ganas de establecerse, de crear un hogar y levantar una familia con esfuerzo. Y en su lucha por alcanzar esas metas, van dejando en el camino un enorme aporte, que apuntala el avance de la tierra que los recibió. Así sucederá también con los venezolanos en Colombia.

    David Uzcátegui.
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 07-09-2018
    “El destino nos alcanzó”
    En medio de la vorágine que vive nuestro país, se ha llegado al punto tantas veces evadido -y postergado- del aumento de la gasolina. Y es que no solamente era insostenible su actual situación, sino también impostergable enfrentarla. Lo lamentable es que se haya tenido que llegar hasta aquí para intentar que pasara por debajo de la mesa, ya que todos estamos pendientes de demasiados asuntos en esta nación que parece escaparse de las manos.

    Sobre este tema tan espinoso, hay muchos puntos que aclarar. Y otros tantos que probablemente nunca se aclaren. Pero empecemos por los primeros.

    Tenemos que comenzar recordando que el aumento de los combustibles se convirtió en un tabú en nuestro país desde el tristemente recordado Caracazo, cuando una medida similar, tomada sin las previsiones necesarias, terminó convertida en una trágica y dolorosa protesta de calle.

    Desde aquel momento, se metió en el congelador una y otra vez la iniciativa de reajustar los precios de la gasolina, a pesar de la creciente inflación, que no es para nada nueva en nuestra historia, pero que en los últimos años de ha desatado a niveles exponenciales.

    Siempre se ha hablado de que los venezolanos tenemos la gasolina más barata del mundo. Una verdad del tamaño de las pirámides de Egipto. Y lamentablemente, hemos volteado hacia otro lado cuando se trata de confrontar el hecho de cuánto nos ha perjudicado esa costumbre.

    Durante muchos años, la economía de nuestro país ha reposado sobre la creencia errada de que merecemos tener la gasolina más barata del mundo por el hecho de ser un país productor de petróleo. Es un argumento que sin duda tiene una base de sustento lógico, pero que también es discutible, si partimos del hecho de que los demás países productores pagan sus combustibles a precio de mercado. Sin embargo, hay que subrayar como contrapartida que los ingresos de sus ciudadanos también son comparables a monedas duras internacionales.

    Tomemos el ejemplo de Noruega, otra nación productora y exportadora de petróleo. Es el país más desarrollado del planeta. El Índice de Desarrollo Humano, presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo ubicó primero con un puntaje de 0.949 sobre 1.

    Es un país de economía de libre mercado, controlada por el Estado, que ostenta también una de las administraciones públicas más transparentes del mundo. Sus impuestos son elevados y diversos, pero se traducen de manera tangible en bienestar para la población y en seguridad social, por lo cual también ocupan el puesto número 1 en el índice de naciones felices, otro indicador auspiciado por las Naciones Unidas.

    Comparados con todos estos hechos, podemos decir que no somos noruegos. El mismo recurso natural ha llevado a las dos naciones por caminos diametralmente opuestos. ¿Por qué?

    Si bien hay que decir que el aumento de la gasolina en Venezuela era impostergable, también debemos comentar que se aumentó en el peor momento. Tanto la nación como sus ciudadanos se encuentran en la situación de vulnerabilidad más extrema que recuerde nuestra historia. Si por un lado la comparación de la gasolina con los precios internacionales es válida y lógica, no es para nada pertinente hacerla cuando lo que ingresa a los bolsillos de nuestra gente no le llega ni de lejos a lo de otros países.

    Habrá quien diga entonces que para ello se crearon mecanismos como el llamado carnet de la patria, subsidios y demás alternativas. Todas ellas lucen engorrosas y complicadas y desde nuestro punto de vista terminarán generando nuevos dolores de cabeza que traerán complicaciones adicionales a un día a día que ya tiene elementos perturbadores de sobra.

    ¿Cuál es entonces la alternativa? Exponerla es tan larga y compleja como lo ha sido explicar el problema, pero podemos resumirla en dos palabras: productividad y libertad.

    Es desquiciado que los consumidores paguen por llenar su tanque un precio inferior al que costó producirlo. Pero, para que se paguen precios internacionales, nuestra economía debe ser permeada por todos los parámetros del mercado internacional. Con todas sus ventajas y desventajas. Para atenuar estas últimas, está el Estado, como en esa Noruega que toma buen cuidado de sus ciudadanos gracias justamente a los ahorros que ha logrado producir la renta petrolera.

    Una administración pública eficiente y transparente, una invitación a la iniciativa particular para que sea productiva, asociarse con ella como gobierno para multiplicar el bienestar de la gente y que todos tengamos en los bolsillos las cantidades necesarias para pagar bienes y servicios. Eso sería por supuesto el país ideal.

    A estas alturas, nos preguntamos: ¿aún será posible? ¿O hemos marchado demasiado lejos en la dirección contraria? ¿Ya nos alcanzó el destino?

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 24-08-2018
    “Petrificados”
    En medio de la nueva e incierta etapa que comienza a recorrer la economía venezolana, hay algo que no deja de llamar la atención -y de hacer ruido- no solamente entre quienes siguen los acontecimientos en el país, sino también entre los que nos observan desde afuera. Y es el hecho de que se haya declarado el anclaje de la nueva moneda -el bolívar soberano- al petro.

    La vocería oficial ha declarado que "El petro será el mecanismo de anclaje para buscar el equilibrio revaluador de la moneda, del salario y los precios".

    Pero, ¿qué es el petro? Se trata de una criptomoneda, un concepto aún bastante reciente en las finanzas mundiales. La que nos ocupa hoy, estaría basada, según lo difundido por el oficialismo durante los últimos meses, en la idea del fallecido presidente Hugo Chávez de crear una moneda respaldada por materias primas.

    ¿Y qué son las criptomonedas? Porque estamos haciendo reposar la maltrecha economía del país en un concepto nuevo y poco manejado por la ciudadanía.

    Las criptomonedas son monedas virtuales. Pueden ser intercambiadas y operadas como cualquier otra divisa tradicional, pero por definición están fuera del control de los gobiernos e instituciones financieras.

    Por ello y ya de entrada, el petro rompe con el concepto de la criptomoneda al ser creada por un gobierno. Al menos, así se mueven las grandes divisas digitales que han sido viables hasta el momento, como Bitcoin, Ethereum, Litecoin o Bitcoin Cash.

    Las criptomonedas se rigen por las leyes del libre mercado, por la ley de la oferta y la demanda, y no admiten reguladores de este tipo en su desempeño. No pueden intervenir factores políticos ni de otros intereses, que no sean el más puro desempeño financiero de este instrumento de intercambio comercial. Para ponerlo en blanco y negro: son capitalismo puro, sin que el término sea peyorativo.

    Otra incertidumbre con respecto al petro, tiene que ver con el hecho de que su valor se amarre al del barril de petróleo, calculándolo al momento a $60, lo cual otorgaría igual valor a la criptomoneda.

    Se trata de un acto simbólico, ya que como lo han adelantado los especialistas, no se pueden comprometer, transar ni negociar las reservas con valor que están en el subsuelo venezolano.

    Pero es que hay más. No se le puede colocar un valor cierto a estos bienes que están en estado bruto, porque parte de su valor final al ser comerciados, deriva del hecho de ser extraídos, refinados y transportados.

    Lógicamente, el petróleo bajo tierra no tiene el mismo valor que el que llega al consumidor final, porque tras este último hay una larga cadena de trabajo, de tecnología y de factores humanos.

    Hay otro detalle, que muy bien sabemos los venezolanos, porque lo hemos padecido a lo largo del último siglo de nuestra historia: el precio del petróleo fluctúa. Y vaya que si fluctúa. En las dos últimas décadas lo hemos visto por debajo de los diez dólares y también muy por arriba de los cien. Nunca sabremos el valor exacto de lo que tenemos bajo tierra, hasta que no sea extraído, procesado y comercializado. Mientras se encuentre allá abajo, solamente es optimismo crudo.

    Por otro lado, hay factores adicionales que modifican el valor del barril petrolero en el mercado internacional, como lo son la entrada en juego de nuevas naciones productoras y los avances tecnológicos, que permiten optimizar productos petroleros que antes eran prácticamente desechables.

    En síntesis, se está aspirando anclar nuestra economía a algo absolutamente incierto y volátil. Un territorio desconocido.

    Por si fuera poco, Estados Unidos, una de las más grandes economías del mundo, no reconoce al petro como criptomoneda. Y el mercado mundial suele bailar al ritmo del son estadounidense.

    Todo este experimento del petro luce como un acto de rebeldía frente a anclajes más tradicionales y sólidos de la moneda de un país, como lo son el patrón oro y las reservas internacionales.

    Creemos que no es para nada conveniente la experimentación con estas nuevas alternativas económicas en el marco de una situación nacional que exige más bien medidas de primeros auxilios y no se presta para ponerse demasiado creativos, ya que simplemente no hay el músculo para soportarlo.

    Justamente, el anclaje de las monedas virtuales debe ser su confiabilidad y credibilidad a los ojos del mercado. Y no se puede negar que en algún momento pueda suceder que algún gobierno emita una exitosamente, aunque según los expertos esto no es posible. Sin embargo, no creemos que sea una nación tan golpeada como la Venezuela de estos tiempos, la que pueda lanzarse en una apuesta tan revolucionaria como esta.

    Mientras tanto, los venezolanos seguimos desconcertados ante las vueltas insólitas de nuestra economía. Seguimos petrificados.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 17-08-2018
    “Estrenando moneda”
    La expectativa nacional en estos días gira en torno a lo que se ha bautizado como “reconversión monetaria”. Y es que parece ser la anhelada solución -o al menos un paliativo- a la compleja situación económica que Venezuela atraviesa al día de hoy.

    Pero, ¿lo será realmente? Los venezolanos hemos perdido la capacidad de asombro y somos cada vez más incrédulos. Y no se trata de pesimismo crónico, sino más bien de observar una cadena de desaciertos que parece no terminar.

    Primero, lo primero. El llamado bolívar fuerte, está pulverizado. No entremos en este momento a analizar las razones, pero su poder adquisitivo es, al instante actual, sencillamente microscópico.

    Bien sabemos que necesitamos grandes cantidades de billetes para comprar el más elemental de los bienes de consumo. Eso, para no mencionar que las monedas pasaron a ser francamente inútiles desde hace años.

    Ciertamente, cuando la masa monetaria de una nación se ve puesta al límite por episodios de alta inflación, no queda otro remedio. De entrada, la reconversión monetaria es absolutamente urgente.

    Sin embargo – y lo que nos preocupa- es que, si no se corrigen los numerosos vicios del manejo de la economía que desembocaron en esta situación, dentro de poco tiempo nos encontraremos en el mismo sitio. Es un círculo vicioso.

    Recordemos que, el 22 de marzo de este año, fuimos sorprendidos por el anuncio oficialista de una reconversión monetaria, enmarcada en el Decreto N° 3.239 de Estado Excepción y de Emergencia Económica, en donde la nueva moneda se denominaría bolívar soberano y su tasa de conversión para ese momento, sería de mil bolívares fuertes a un bolívar soberano.

    Estaba previsto que este nuevo cono monetario entrara en circulación el 4 de junio. Sin embargo, el Poder Ejecutivo, reunido con la Asociación Bancaria y a petición de esta última, acordó prorrogar por sesenta días la entrada en vigencia, por lo que la nueva fecha quedó programada para el día 4 de agosto.

    El pasado 25 de julio, se pospuso nuevamente la aplicación de la reconversión monetaria para el 20 de este mes, con la novedad de que ahora la reducción sería de cinco ceros, es decir, 100 mil bolívares fuertes serán equivalentes a 1 bolívar soberano, quedando además la nueva moneda anclada a la criptomoneda petro. Otro cambio que sorprendió en este nuevo giro del proceso de reconversión monetaria.

    Vale recordar que el bolívar, unidad monetaria oficial de nuestro país, fue establecida en 1879 por el presidente Antonio Guzmán Blanco y permaneció durante todo el siglo XX y los primeros años del XXI hasta 2007, cuando bajo el gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez se produjo la aprimera reconversión monetaria. Once años después, nos vemos en la necesidad de volver a atravesar por el mismo proceso.

    Y con esto retomamos lo que comentamos más arriba: si no se corrigen las causas, el bolívar soberano no solamente podría tener corta vida, sino además llevarnos a una situación similar a la actual en relativamente poco tiempo.

    Desde nuestro punto de vista, el asunto es extremadamente complicado.

    El mismo gobierno sabe esto y por ello se ha anunciado, junto a la reconversión monetaria, un programa de recuperación económica. Sin embargo, luce bastante etéreo e impreciso, de cara a la complejidad de lo que sucede.

    El anclaje a la criptomoneda petro no logra concitar la confianza de los actores financieros, ya que es la primera vez que el gobierno de un país lanza un instrumento de este tipo, que debe estar regido por las reglas del libre mercado y no por parcialidades, intereses políticos o de particulares, lo cual ha generado muchas suspicacias.

    Por otro lado, se sigue hablando de subsidios, cuando nuestras fuentes de ingresos están exhaustas y adicionalmente, se vuelve a confiar una vez más en el petróleo para sanear los números del Banco Central de Venezuela.

    El eterno error se continúa prolongando. Se trata de ser productivos y de diversificar la economía, no de reincidir en desatinos que nos han convertido en una nación débil y vulnerable en lo financiero. Debilidad y vulnerabilidad que va a sentirse, finalmente, en los bolsillos de la gente.

    Los elevados precios del petróleo trajeron toda una serie de malas prácticas en el manejo de las finanzas nacionales, las cuales no pueden ser resistidas por economía alguna.

    Al caer dichos precios, la cruel relidad nos explotó en la cara y demandaba correctivos inmediatos, que al día de hoy no se han tomado.

    Hablamos de orden, de disciplina fiscal, de productividad, y sobretodo, de entender que la iniciativa particular es la verdadera médula de un país. No se puede recargar todo el funcionamiento de la economía de una nación en los hombros del Estado, y menos aún contando con un recurso tan volátil como lo es el petróleo.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 10-08-2018
    “Las fronteras calientes”
    La reciente noticia fechada en Brasil, que relata cómo un juez de la vecina nación levantó el cierre de la frontera que compartimos con ellos, vuelve a subir la temperatura en el asunto fronterizo con nuestros dos grandes vecinos.

    Y es que para nadie es ya un secreto el hecho de que los venezolanos vean como una alternativa de cecimiento, superación y progreso la posibilidad de salir por tierra a través de los límites que nos separan de otros países, para intentar en aquellas latitudes la construcción de una vida mejor.

    La magistrada del Tribunal Supremo de Brasil Rosa Weber, negó un pedido del gobierno del estado de Roraima destinado a cerrar la frontera con Venezuela, la cual ya había sido bloqueada por la policía tras la decisión de un juez federal, de menor rango. El magistrado Helder Girão Barreto ordenó el bloqueo temporal.

    Dicho juez Barreto había determinado suspender temporalmente el ingreso de venezolanos por tierra hasta que hubiera un "equilibrio" entre el número de inmigrantes que ingresa desde nuestro lado, con los que salen a otras ciudades.

    Weber se pronunció respecto a la situación, como consecuencia de un pedido del gobierno de Roraima, que es la principal puerta de entrada de los venezolanos en Brasil. Rechazó el cierre de la frontera al considerar que “va en contra de la Constitución y de los tratados internacionales ratificados por el gigante suramericano”, según reseña la agencia de noticias internacional Efe.

    Pero el episodio ya tiene antecedentes. En abril de este año, la gobernadora de Roraima, Suely Campos, del conservador Partido Progresista (PP), pidió el cierre temporal de la frontera con Venezuela por la "omisión del Gobierno Federal en cumplir su papel constitucional de control de la frontera, sobrecargando el estado".

    De inmediato el presidente de Brasil, Michel Temer, criticó el pedido de la mandataria regional y señaló que “cerrar las fronteras del país no era un hábito de Brasil”.

    Roraima es uno de los estados más pobres de la nación y ha recibido unos 50 mil venezolanos, un porcentaje importante de su población, que han elevado significativamente la demanda por los diferentes servicios públicos en la región.

    La gobernación alega no tener capacidad para atender esa demanda. Este es el origen de las delicadas disputas entre distintas instancias gubernamentales al respecto.

    El gobierno de Brasil ha puesto en marcha medidas de asistencia humanitaria para los inmigrantes venezolanos, en las que participan el Ejército y organismos internacionales y que incluyen su traslado a otros puntos del país, para descongestionar la comprometida región.

    Este último giro es una gran noticia para los coterráneos que se aventuran a tan difícil viaje para buscar una vida mejor. Y no queda sino agradecer a las autoridades brasileñas, que están maniobrando como mejor pueden para no negarle a los venezolanos que tocan a sus puertas, una oportunidad de salir adelante.

    La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) celebró la decisión del Tribunal Federal de la 1 Región de Brasil de mantener abierta la frontera con Venezuela para permitir el ingreso de inmigrantes.

    El texto fue el siguiente: "ACNUR celebra la decisión de anoche del tribunal supremo brasileño de anular una decisión de un juez federal en el estado fronterizo de Roraima para suspender la admisión de venezolanos al país y cerrar la frontera", según afirmó en Ginebra el portavoz de dicha agencia de las Naciones Unidas, William Spindler.

    Se trata sin duda, de un tema muy delicado. Y es por eso que hay que agradecer doblemente la buena voluntad de los brasileños para recibir a los venezolanos que deciden probar suerte por allá.

    Por un lado, emigrar es un derecho humano y la movilidad de la gente, por principio, no debería ser obstaculizada.

    Por otro, cuando las emigraciones son colectivas, como está sucediendo ahora, es lógico que se genere inquietud en las naciones receptoras por un eventual colapso de los servicios de las localidades a las cuales arriban.

    Todos sabemos que casos similares se han dado también en las poblaciones fronterizas de la hermana Colombia, donde se han recibido reiteradamente a venezolanos, incluso a muchos que solamente van de paso por el país, ya que han decidido como destino otras tierras, como Ecuador, Perú o Chile.

    En resumen, lo que toca es agradecer a los vecinos que tienen la buena voluntad de recibir a los compatriotas que tomaron la decisión de partir. Y entender que hacen un esfuerzo por mostrar una hospitalidad digna no solamente del continente latinoamericano, sino del género humano en general. Con ese buen comienzo, seguramente todo irá bien para nuestros viajeros y podrán encontra el bienestar que salieron a buscar.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
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  • 03-08-2018
    “Venezuela y gasolina”
    Ha llegado el día inevitable. Ese, de la arruga que se había corrido insistentemente. Venezuela tiene que revisar el precio de su gasolina.

    El tema se había convertido en un temible tabú desde hace casi treinta años, cuando en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se intentó sincerar una economía venezolana donde el subsidio era la norma y se estaban creando enormes distorsiones.

    En aquel año de 1989 sucedió el llamado Caracazo, cuando en el marco de una serie de reajustes económicos se incrementó el precio del combustible, lo que llevó a su vez a subir el de los pasajes y finalmente detonaron una serie de protestas de calle.

    Como dicen, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Ese intento de equilibrar los malos hábitos económicos que arrastraba Venezuela, fue lamentablemente implementado de manera inadecuada en muchos sentidos, y desde entonces se le agarró lógico miedo a la tarea. Una tarea que quedó pendiente por casi tres décadas.

    Sin embargo, cabe preguntarse: ¿se solucionará ese asunto tan postergado con las medidas actuales?

    Lo cierto es que, al día de hoy, nos encontramos con el hecho de que el combustible en nuestra tierra verá cambiar sus precios de manera notable, en el marco de una segunda reconversión monetaria, esta vez eliminando cinco ceros a la moneda. Esto, aunado a los tres que se le quitaron en la década pasada, haría un total de ocho.

    Ciertamente, parece que la administración actual no encontró mejor momento ni mejor motivo para enfrentar el temido y postergado tema de la gasolina. El precio que veíamos pagando se hace inmanejable en la nueva moneda. Y esto es apenas una de las muestras de los desajustes que presenta la economía venezolana, uno de los síntomas de lo profundamente enferma que se encuentra.

    Primeramente, hay que decirlo, todos los países productores de petróleo pagan su combustible en el mercado interno a precios internacionales. No hay privilegio alguno para ellos.

    En segundo lugar, es cierto que el mercado venezolano se abastecía a pérdida desde hace mucho tiempo. La ilusión saudita que ha empañado la sinceridad de lo que sucede en nuestro país no es para nada nueva y se pierde en la memoria. En esta oportunidad, el gobierno tiene su punto de razón.

    Sin embargo, pareciera que las distorsiones económicas nos han llevado ya demasiado lejos. Y hablamos de esas distorsiones sembradas hace ya mucho tiempo, que entre otras consecuencias, convirtieron la revisión de los precios del combustible en un asunto a ser eternamente evadido.

    Es aquí donde cabe la pregunta: ¿vamos finalmente bien? Respondemos de inmediato: no lo creemos.

    Lamentablemente, esta revisión de los precios de la gasolina llega en un panorama económico adverso y desolador. Aún está muy lejos de llegar a los precios internacionales, pero por otro lado la capacidad de compra del venezolano está tan golpeada por la recesión que, aún manteniendo el aumento en niveles conservadores, se hace muy cuesta arriba pagarlo.

    Siempre lo hemos dicho y no nos cansaremos de repetirlo: la verdadera prosperidad para un país se construye desde las libertades a la iniciativa particular, aupadas por un gobierno que se asocie en ello, creando el clima y las iniciativas necesarias para la confianza.

    Lamentablemente marchamos en el sentido exactamente contrario desde hace demasiado tiempo y no vemos señal alguna de corregir este error histórico.

    Reconversión monetaria y ajuste de precios de combustibles serán tragados por el pantano de los desbalances administrativos del país, y creemos que en muy corto plazo si no se cambia de rumbo.

    También caben interrogantes ante el hecho de pretender imponer la intermediación del llamado Carnet de la Patria para tener acceso al suministro de combustible, ya que se trata de otra restricción más a las libertades. ¿es esto realmente necesario? ¿Qué hay tras esta propuesta?

    Porque en el funcionamiento deseable de toda economía, cada ciudadano tendría libre acceso a cuanto combustible necesitara, y tendría cómo pagarlo, gracias a sus propios ingresos.

    Vale acotar que en ningún lugar del mundo la gasolina es “barata”. En ninguno, excepto en Venezuela. En todas partes se cuida su consumo. El mundo entero busca energías alternativas, no solo por el costo sino también por la contaminación al ambiente.

    Sin embargo, este nuevo escenario que se nos presenta resuelve muy poco desde nuestro punto de vista. Una decisión que debió tomarse hace años y como parte de medidas más complejas y absolutamente distintas, llega en el marco de un país exhausto y sin músculo para abordar sus propias e impostergables transformaciones. Incluso las que serían para su propio bien.

    David Uzcátegui
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