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David Uzcátegui
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  • 30-03-2019
    "Hágase la luz"
    Desde la larga y extensa interrupción de energía eléctrica que sufrimos semanas atrás, muchos lo dijeron. El servicio de luz en Venezuela no volverá a ser el mismo. Sin tener dotes especialmente adivinatorias, acertaron.

    Y es que tenemos que desvestir la cruda realidad, y acostumbrarnos a convivir con ella, porque es la única manera de encontrar una solución.

    Lo cierto es que, al día de hoy, el deterioro del sistema eléctrico venezolano es profundo. Costará tiempo, dinero y sobre todo mucha voluntad el volver a lograr un suministro de electricidad confiable, como el que alguna vez tuvimos. Y no disponemos de ninguno de estos tres elementos a la vista.

    Cuando aún no se ha superado del todo el evento mencionado, se produce una nueva interrupción de importancia. Y en el ínterin, no ha existido un solo día sin contratiempos en el suministro.

    No nos sirven explicaciones cercanas a la ciencia ficción. Tampoco las cargadas de odios, rencores y resentimientos. No pueden endilgar culpas externas quienes han administrado el país en los últimos tiempos y han tenido todo el poder, para bien y para mal. Por lo tanto, también cargan con toda la responsabilidad de lo que está sucediendo, porque estos reveses crecieron bajo su gerencia.

    Se nos habla de una presunta guerra eléctrica y se militarizan las instalaciones. Todo está vigilado y aún así la transmisión de energía sucumbe. Quizá sea porque la causa está dentro del mismo sistema, y no es algún elemento externo, como el ataque de algún animal o un revés climático.

    Winston Cabas, presidente de la Asociación Venezolana de Ingeniería Eléctrica, Mecánica y profesiones afines del Colegio de Ingenieros de Venezuela, declaró a BBC Mundo sobre las sobresalientes instalaciones eléctricas venezolanas, cosa que contrasta con el adverso panorama de suministro al día de hoy.

    El experto señala que en Venezuela hay entre 16.000 y 17.000 megavatios instalados de energía hidroeléctrica y una cifra similar de fuente termoeléctrica, para un total aproximado de unos 34.800 megavatios.

    "El drama de este país es que hoy, con la crisis que nos ocupa, solo tenemos disponibles entre 12.000 y 13.000 megavatios", explica. Y agrega que en torno al 85% del consumo del país depende de fuentes hidroeléctricas.

    Entonces, ¿cuál es la causa del paupérrimo desempeño de la generación y distribución de energía?

    La razón está dentro de esas mismas líneas que no han sido adecuadamente cuidadas y que han sido sobrecargadas, porque cuando fallan unas, se obliga a trabajar forzadamente a otras.

    No han estado en manos de profesionales, de gente que sepa lo que hace. Y esto se debe a que se privilegia el emplear a quienes son leales a una parcialidad política en lugar de fomentar el ingreso de quienes conocen su trabajo.

    Y, por si fuera poco, muchos de los mejor preparados se ven tentados a emigrar, visto que sus conocimientos serán mejor pagados en otros países donde, además, podrán vivir en paz. Fuga de cerebros, otra de las cruces de Venezuela.

    Que no se les han destinado a las instalaciones eléctricas los recursos necesarios, es otro gran drama, porque hay que invertir en el cuidado de lo que ya tenemos. Y crecer de manera cónsona con las necesidades de la población.

    Nadie cree excusas traídas por los cabellos ni compra el oportunismo intentar embarrar al adversario político. Esta es una acción que se cae por sí sola ante la pregunta lógica: ¿por qué no se tomaron las medidas para proteger a las instalaciones de un supuesto segundo sabotaje?

    Otro aspecto que retrata el limbo que hoy vivimos los venezolanos es el hecho de que exista un secretismo absoluto sobre las medidas que se están tomando para subsanar la falla. La primera pregunta es sin duda: ¿se está tomando alguna?

    Tristemente, debemos ser testigos y sufrir en carne propia, la paralización de todas las actividades a raíz de la ausencia de energía. La telefonía celular es casi nula, se dañan los alimentos, no es posible hacer transacciones en puntos de venta, no disponemos del Metro en Caracas y con la oscuridad se manifiesta un toque de queda autoimpuesto, ante el temor de los peligros que existen en la calle, los cuales se potencian exponencialmente sin luz.

    Sorprende que sea cual sea la causa de lo que sucede, quienes dicen estar a cargo de la custodia de las instalaciones eléctricas, se dejen madrugar de nuevo.

    Y ello sucede, ni más ni menos, que por los dos factores mencionados: el deterioro de unas instalaciones a las cuales no se les da mantenimiento y la ausencia de personal especializado, sustituido por funcionarios afines en lo político, pero sin preparación para las tareas que deberían acometer. Todo este dantesco cuadro prueba que la situación escapa totalmente al control de las personas que supuestamente lo deberían tener.

    David Uzcátegui
  • 13-04-2019
    “Zulia”
    En medio de la irregular situación que vive todo el territorio nacional debido al suministro inestable de electricidad, toca al estado Zulia padecer una de las peores partes de las complejas horas que hoy atravesamos.

    Y es que el calvario de los zulianos se agrava por las mismas características de la región, específicamente su inclemente clima; aunado a que son de los estados más productivos de país en una cantidad de rubros que ahora deben funcionar a media máquina o directamente bajar las santamarías.

    Lo cierto es que se trata de la entidad más castigada, no solamente en la coyuntura actual, sino desde hace más de diez años.

    El Zulia requiere de un potente suministro eléctrico por su misma condición de tierra calurosa y productiva, lo cual es un compromiso insalvable para el golpeado sistema eléctrico nacional, que no tiene cómo soportar las exigencias del que una vez fuera uno de los territorios más pujantes de Venezuela, el mismo que hoy ha visto menguar su bienestar a niveles jamás imaginados hace apenas unos pocos años atrás.

    Irónicamente, para 1888 Maracaibo fue, con orgullo, la primera ciudad venezolana en tener un suministro eléctrico regular y continuado, incluso antes que Caracas.

    Por iniciativa particular, se instaló en la ciudad la compañía The Maracaibo Electric Light, poseedora de un capital social de 336.000 dólares (dividido en 3.360 acciones de 100 dólares cada una) y cuyo asiento estaba en Nueva York, con domicilio en Venezuela.

    Fue además la segunda ciudad suramericana en contar con el sistema, ya que apenas un año antes en Buenos Aires se había instalado el servicio eléctrico, en lo que fue la ciudad pionera del continente para el entonces vanguardista servicio.

    La panorámica de la vida en los sectores de la entidad por estos días, es sencillamente insólita. Con temperaturas que pasan de los treinta e incluso de los cuarenta grados centígrados, toda su geografía de 63 mil kilómetros cuadrados es una inmensa olla de presión, que atormenta a sus aproximadamente cuatro millones de habitantes.

    Los zulianos se han visto obligados a buscar el aire libre para pasar la noche, pernoctando en los techos de sus viviendas o incluso en las calles para buscar un poco de alivio a la pesada y pegajosa sensación que jamás se va de su entorno y que solamente se alivia bajo la bondad del aire acondicionado. Ese mismo que hoy es más que un lujo, es casi inexistente.

    Esa misma particularidad climática es la que hace que las más elementales tareas de supervivencia se conviertan en una cuesta arriba infranqueable cuando no hay luz. Es un tormento viajar dentro de un carro o transporte público, los alimentos se descomponen con mayor velocidad, se hace imposible permanecer en una oficina. Y por supuesto, se multiplican exponencialmente los desperfectos en artefactos eléctricos.

    No resulta fácil que alguien que no lo haya vivido, entienda lo que es sufrir estas penurias multiplicado por cien horas, que es el lapso aproximado por el cual han sido privados de energía muchos zulianos.

    Tras los prolongados apagones que han afectado recientemente a todo el territorio nacional, quienes tiene a su cargo la gerencia este servicio se han visto obligados a admitir la necesidad de un racionamiento y a programar los mismos; aunque la realidad es mucho más dura.

    Lo que está sucediendo es que, de las cuatro horas de racionamiento oficialmente anunciado, se ha llegado hasta a tres cortes por día que superan las doce horas en total, y que están muy por encima de lo que se le había participado a la ciudadanía. Ya no solamente se trata del suplicio de la privación: lo peor es que no se sabe cuándo se va, cuándo vuelve o cuánto va a durar.

    Como si todo esto fuera poco, se suma también la irregularidad en el suministro de agua que también está padeciendo el resto del territorio nacional, y que surge de la falencia eléctrica, por la incapacidad para bombear el líquido cuando no hay luz.

    El dantesco escenario resulta mucho más doloroso cuando pensamos en la productividad proverbial de esas latitudes, y más aún cuando vemos que no hay respuesta en lo inmediato para solucionar este escenario tan adverso.

    Lamentablemente, el panorama en lo inmediato no es para nada optimista y su prolongación no solamente significa un intolerable costo humano, sino también atar de manos a una de las regiones que más aporta a la riqueza nacional, en momentos en los cuales justamente necesitamos multiplicar la productividad, única manera de derrotar al adverso cuadro económico que también nos agobia.

    Solamente queda apostar al empuje de su gente y a las bendiciones de su geografía, para que, cuando la situación cambie, el Zulia vuelva a ser un orgullo nacional y esta lamentable situación quede en el recuerdo, aunque nunca en el olvido.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 01-03-2019
    “Trabajo y más trabajo”
    Entre las numerosas polémicas que día a día entablamos en nuestro país, la que estrenamos esta semana fue sobre el hecho de agregar días feriados al ya tradicional asueto carnavalesco.

    Y es que, contra lo que se pudiera esperar, la noticia de una posibilidad de sumar fechas adicionales a un calendario ya establecido desde que tenemos memoria, no fue bien recibida por todo el mundo.

    Es más, nos atrevemos a afirmar desde nuestra experiencia, que el venezolano promedio no vio con buenos ojos la idea. Al menos eso es lo que hemos obtenido como resultado, tras hacer consultas en nuestro entorno.

    Sin embargo, vamos a partir para este análisis desde el principio.

    El Gobierno Nacional publicó en la Gaceta Oficial número 41.595 de fecha 26 de febrero de 2019, el decreto que establece como días no laborables el 28 de febrero y el 01 de marzo.

    Ya desde el pasado 20 de febrero, durante un acto San Francisco de Yare, estado Miranda, Nicolás Maduro, expresó: “Pensando en los niños, las familias, en la cultura, este año vamos a adelantar los carnavales. Declaro días de asueto el jueves 28 de febrero y viernes 1 de marzo para encender toda esta fiesta cultural, de alegría y felicidad social”.

    Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de conocerse las declaraciones de voceros de diversas intituciones y agupaciones que giraron instrucciones en contrario.

    José Grasso Vecchio, director ejecutivo de la Asociación Bancaria de Venezuela, anunció que los días jueves 28 de febrero y viernes 1° de marzo son laborables para la banca y prestarán todos sus servicios.

    El asesor financiero hizo la aclaratoria en un mensaje a través de su cuenta en Twitter, ante los ya citados anuncios del Gobierno de adelantar el asueto de Carnaval.

    Las declaraciones de Grasso fueron ratificadas por empleados de las entidades bancarias, quienes confirmaron que tenían previsto trabajar hasta el viernes, debido a que no han recibido instrucciones contrarias por parte de los gerentes ni de las autoridades de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario.

    Los funcionarios de ese organismo regulador, indicaron que Sudeban no ha emitido ninguna resolución relacionada con la extensión del asueto de Carnaval.

    También participaron que las actividades laborales se mantienen de acuerdo a lo establecido en el calendario sobre los días feriados bancarios y en la agenda de este año se indica que únicamente el lunes y martes de Carnaval no serán laborables, como es habitual.

    Por su parte, los presidentes de Fedecámaras, Carlos Larrazábal; y de Consecomercio, María Carolina Uzcátegui, hicieron por separado llamados a no paralizar las labores en las actividades económicas.

    Larrazábal se pronunció por establecer reuniones entre las empresas y sus trabajadores “de manera consensuada” para incrementar la productividad en rechazo a la prolongación del asueto de Carnaval decretado por el Gobierno. “La única forma de salir de la crisis es trabajando y produciendo”, dijo.

    Añadió que el trabajo informal en Venezuela asciende al 50% de los ciudadanos e indicó que los ingresos por esta actividad se “producen por el día a día, por lo tanto, les conviene trabajar todos los días”.

    También indicó que a la fecha las universidades y un gran número de empresas trabajarán el jueves 28 de febrero y el viernes 1 de marzo.

    María Carolina Uzcátegui dijo a la vez que Venezuela necesita producir “por la grave hiperinflación y distorsión económica”, en especial en un fin de mes, cuando los ciudadanos necesitan cobrar sus salarios.

    Llamó al sector comercial y a los institutos de educación, a los padres y representantes a continuar con las actividades laborales del país.

    Así las cosas, quedará de parte de la conciencia de cada quien la decisión de laborar o no. Por nuestra parte, nos anotamos entre los primeros e invitamos a quienes nos leen a hacer lo mismo.

    Consideramos –y hay muchos de acuerdo con nosotros– que cargar dos días de sueldo a unas fechas que no se van a trabajar es algo pernicioso para todos. Tanto para la escasa iniciativa privada que aún sobrevive en el país, como para la administración pública, que trabaja con unos recursos que nos pertenecen a los venezolanos y que debemos buscar incrementar y no disminuir.

    Sí, tenemos tradicionales fiestas y asuetos, de todos conocidos y con una tradición histórica por detrás.

    Pero el incremento de estos días sin base alguna, sin propósito visible y en momentos que no son los adecuados, no contribuyen en modo alguno al bienestar del país. La gente lo sabe.

    Unos asuetos traídos por los cabellos no sirven para seducir al compatriota trabajador. Por el contrario, lo que hacen es reafirmarle el extravío que anda suelto por allí y que no está como para ser seguido en los días que corren.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
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  • 16-03-2019
    “Servicios públicos, una reflexión”

    Definitivamente Venezuela no puede seguir corriendo la arruga respecto a la situación que actualmente atraviesan los servicios públicos de nuestro país. Y esto pasa por tareas como preguntarnos a qué se debe que hayamos llegado a esto, además de cómo podemos superarlo.

    “Se pierde la razón de existencia del Estado cuando este no vela, cuida ni asegura la prestación eficiente y oportuna de los servicios públicos fundamentales, cuando no rinden cuenta sus funcionarios a cargo, y cuando los entes controladores y reguladores no aplican las sanciones previstas en la Ley”, señaló el planificador ambiental y social Hernán Papaterra, en nota publicada en el diario El Universal, el 7 de agosto de 2018.

    Si bien es cierto que, mirando hacia atrás, nuestra nación jamás contó con servicios óptimos de luz, telefonía, transporte, aseo, gas o aguas, sí es también verdad que en algún momento se contó con estándares bastante aceptables y sobretodo, con la voluntad y el propósito de mejorar las cosas. Y, sobre todo, con la certeza de que era posible mejorarlas.

    Había sentido de lo que era el progreso, y era a lo que todos aspirábamos: a nuestro derecho de ser respetados como ciudadanos, tanto desde la administración pública como desde los prestadores de servicios privados.

    Baste como ejemplo aquel elevado nivel de calidad del Metro de Caracas, que se convirtió en referente de un transporte masivo de vanguardia y que enorgullecía a sus usuarios de tal manera, que eran ellos los primeros y muy celosos cuidadores de su integridad y eficacia.

    Desde nuestra perspectiva, se han cometido varios errores garrafales en las dos últimas décadas. Y eso es lo que estamos pagando hoy.

    El primer error fue sin duda la nacionalización. Cargar a la administración pública con la responsabilidad de tareas que pueden ser acometidas por la empresa privada, es una ruta segura al fracaso.

    En el caso particular de Venezuela, la nación se sobrecargó con la tarea de ofrecer servicios que, si bien no eran los mejores para el momento, ya tenían buenos estándares de prestación. Y el reto era superarlos. Sin embargo, esto no se logró. Muy por el contrario, los niveles han descendido dramáticamente, y no se ve solución al final del túnel.

    La nacionalización trajo otro pecado capital: el rellenar la nómina de estas empresas con personal políticamente afín al gobierno de turno, por encima de la opción de buscar personal adecuadamente calificado.

    El entender la prestación de servicios básicos como una posibilidad de hacer propaganda al modelo de gobierno imperante, comprometió de manera muy delicada la calidad del servicio ofrecido.

    Porque si bien pensamos que estos aspectos de la vida ciudadana deben estar en manos de particulares, también es verdad que toca al gobierno supervisar y garantizar la eficiencia en la operación, por parte de quienes sean favorecidos con estas concesiones.

    Por si fuera poco, la excelencia en los servicios públicos permite optimizar la calidad de vida de la gente, al optimizar su día a día y propiciar que puedan enfocar su atención en la familia, los estudios y el trabajo. En dos palabras, crecer como seres humanos.

    En el lado opuesto, el lidiar con falencias en los mismos significa pérdida de tiempo y energía, es un torpedo en la línea de flotación para las tareas cotidianas, consume energía, roba el foco y nos hace a todos menos eficientes, limitando también nuestra capacidad de disfrute y de compartir con los nuestros.

    Es adicionalmente uno de los más eficaces instrumentos para profundizar las diferencias entre ciudadanos, ya que quienes ostentan mayor poder adquisitivo siempre podrán pagarse suplidores de mayor calidad, mientras los que no tienen opción deben conformarse con una calidad que dista de la merecida, de la que es su derecho.

    También es clave la educación ciudadana. Y al mencionar este aspecto, nos referimos al derecho que tiene la gente de exigir calidad en el servicio. Y al deber que tiene el gobierno de ofrecerlo, sea a través de organismos privados o tomando para sí mismo esta responsabilidad.

    Pareciera que la gente no tiene derecho a alzar su voz cuando lo que recibe es menos que bueno. Y esto es una anormalidad que debe ser superada con urgencia.

    Por otra parte, el apuntar a la excelencia en tales tareas es sin duda otra manera de empujar la prosperidad del país.

    Es urgente e importante enfocar este sector de la economía como un potenciador del bienestar económico, para la creación y multiplicación de riqueza, así como para su distribución entre los habitantes de un país.

    La nación y la ciudadanía merecen servicios públicos de primera, y más allá de eso, tenemos la posibilidad de crearlos, mantenerlos y disfrutarlos. Solamente necesitamos la voluntad de hacerlo.

    David Uzcátegui
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  • 05-04-2019
    ¿Dónde estudiarán los niños?
    Parafraseamos el título de una vieja canción para dejar constancia de una de las mayores inquietudes que asalta a la ciudadanía en este momento: la reiterada pérdida de actividades escolares de nuestros niños y jóvenes.

    Marzo fue un mes que nos trastocó las más elementales rutinas a muchos en el país, en medio de los eventos que se generaron tras el irregular suministro de energía eléctrica que todos padecimos.

    Este contratiempo generó graves daños, comenzando por el dramático costo de vidas en los hospitales y pasando por la descomposición de costosos alimentos, que cada vez es más difícil llevar a la mesa. Y pare usted de contar.

    Sin embargo, existe un asunto que nos tiene extremadamente inquietos a todos los padres y es la reiterada pérdida de clases de nuestros hijos.

    Si las cosas siguen como van, el impacto en la trayectoria educativa de los menores va a dejar una huella que será cada vez más imborrable, en tanto y en cuanto la situación se complique.

    Expertos en el tema educativo venezolano han dejado saber que en el mes que recién acaba de finalizar, solamente existieron, de manera oficial, ocho días de clases.

    La profesora Olga Ramos, miembro de la asociación civil Asamblea de Educación, analiza el contexto de toda esta problemática, ante la cual deberíamos prestar más atención por sus posibles consecuencias:

    “El gran problema de todos los días que se pierden de clases es que los alumnos aprenden menos. A todos les dan la certificación automática de que aprobaron, pero los niños y adolescentes se convierten en analfabetas funcionales. Esos muchachos salen sin haber visto completos los programas de matemática o física”.

    Continúa diciendo que, si en los procesos no se hacen unas buenas evaluaciones, van a ir arrastrando deficiencias y no se están formando profesionales potenciales y esto puede generar que los alumnos acumulen frustraciones porque, por ejemplo, muchas de estas personas realizarán trámites como ir a un banco y no van a entender lo que deben hacer.

    Desde que el gobierno suspendió los primeros seis días de clases tras el apagón del pasado 7 de marzo, el Observatorio Educativo de Venezuela había dado a conocer la urgencia de que se estableciera oficialmente una prórroga del calendario escolar, para asegurar que los estudiantes de los distintos niveles pudieran lograr las metas y los aprendizajes previstos en la planificación.

    A este planteamiento respondió el ministro de Educación del gobierno madurista, Aristóbulo Istúriz, quien indicó que “se va a evaluar” la reprogramación del calendario escolar en todos los niveles de la educación.

    Y ese es justamente el problema: un día de clases perdido no se recupera. Al menos no en cuanto a la calidad que debería tener la enseñanza, aunque se marque como recuperado en el papel de un cronograma.

    No es lo mismo que el alumno reciba conocimientos en medio de un calendario escolar normal y con todo el entorno favorable que se le debería garantizar para que aprendiera, a que se le suministren unas clases adicionales tras las interrupciones en el proceso, en condiciones que no son del todo adecuadas y en un entorno que no propicia que los pequeños y jóvenes pongan la atención debida a lo que se les está impartiendo.

    Sabemos, además, que nuestro actual sistema educativo viene desde hace rato con una pata coja, que no es otra que la deserción del personal docente, ante el escaso poder adquisitivo de sus salarios. Mientras unos deciden dedicarse a alguna actividad que sea más remunerativa, otros más se arriesgan a probar suerte en otras latitudes, esperando que sus competencias profesionales sean mejor reconocidas en el aspecto económico. De esto veníamos antes de las obligadas suspensiones de clases por causas de fuerza mayor. Y este otro problema mencionado, sigue siendo un telón de fondo, al cual se superpone el nuevo contratiempo.

    Existe, además, otra gran interrogante: una vez implementado –al menos en lo teórico– este calendario, ¿se cumplirá en lo práctico? Porque lo que hemos visto hasta ahora es que las suspensiones en el suministro eléctrico se mantienen y solamente tenemos una versión que asegura que en un mes se superarán los cortes eléctricos. Suponiendo, optimismo de por medio, que eso sea así, quiere decir que sumaremos al tiempo perdido hasta hoy el que se pierda antes de la ansiada estabilización del suministro de luz. Pero nos asalta la duda razonable… ¿Y si esto se prolonga?

    Nos preocupan las lagunas en los conocimientos que van a arrastrar los alumnos venezolanos de hoy, las cuales quedarán como baches en sus futuros procesos educativos, convirtiéndolos posiblemente en futuros profesionales que no tengan todas las herramientas y habilidades para salir adelante en sus labores. Y eso no es una buena noticia para Venezuela.
  • 23-03-2019
    “OEA y Venezuela”
    Entre las contradicciones que se registran a lo interno del gobierno madurista –y que se hacen visibles a todos desde afuera– sin duda una de las más interesantes es la voluble relación con la Organización de Estados Americanos.

    Y es que los desencuentros entre los personeros de dicha administración y la institución mencionada, son de muy vieja data. Tanto es así, que los funcionarios rojos lanzaron a los cuatro vientos su decisión de hacer que Venezuela abandonara el organismo.

    Sin embargo, de un tiempo para acá, han considerado nuevamente este foro como un escenario para exponer sus puntos de vista y más aún: para debatir con sus oponentes y luchar por conseguir legitimidad para su proyecto político.

    ¿Pero cuándo comenzó este rifirrafe?

    Podemos encontrar antecedentes interesantes hace ya una década, cuando la agencia de noticias alemana DPA, señala en un despacho fechado el 9 mayo de 2009 que “El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dijo este sábado que su gobierno podría retirarse de la Organización de Estados Americanos (OEA), luego de cuestionar un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que denunció la persecución del disenso político en el país”.

    Las declaraciones del entonces presidente de la República, recogidas en aquella oportunidad, decían: “Bien y entonces hay que preguntarse: ¿Para qué la OEA? Venezuela pudiera salirse de la OEA y crear o convocar a los pueblos de este continente a que nos liberemos de esos viejos instrumentos y a que formemos una organización de pueblos de América Latina, de pueblos libres”.

    Añadió, siempre según la misma fuente, que “el líder cubano Fidel Castro tiene razón cuando afirma que ese órgano de la OEA forma parte de la ‘burocracia imperial”.

    La Cancillería venezolana dijo en aquel momento que, a partir de 1999, con el inicio del "gobierno independiente y soberano del presidente Chávez, la comisión ha procesado más de 150 casos, sin metodología fundamentada en la objetividad y transparencia".

    Señaló también que la CIDH tenía para aquel entonces seis años relegando a Venezuela a la categoría de "Estados que por diversas razones enfrentan situaciones que afectan seria y gravemente el goce y disfrute de los derechos fundamentales, consagrados en la Convención Americana", a pesar de "no haber logrado comprobar violación alguna".

    La CIDH dijo en un informe que las prácticas en materia de derechos humanos en Venezuela merecían "especial atención", al igual que Colombia, Haití y Cuba.

    Y esa fue la chispa que encendió la pradera.

    Aunque, como vemos, desde el mismo momento en que se inicia el llamado gobierno revolucionario, ya hubo desencuentros con la institución.

    Para el 26 de febrero de 2010, el diario El país de España tituló: “Chávez ordena la salida de Venezuela de la CIDH”.

    Es el 28 de abril de 2017, cuando finalmente BBC Mundo reseña: “El gobierno de Venezuela cumplió este viernes con lo anunciado y presentó su carta de renuncia a la Organización de Estados Americanos (OEA)”.

    Y continúa: “La representante de Venezuela ante la OEA, Carmen Velásquez, entregó al secretario general, Luis Almagro, el documento por el que Caracas denuncia la Carta de la OEA, formalizando así su solicitud de salirse del ente multilateral”.

    La misma nota asegura que, “durante un acto en el Palacio de Miraflores en Caracas, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, habría dicho: ‘¡Somos libres de la OEA y más nunca volveremos!".

    Sin embargo, volvieron.

    Hay que aclarar que se trata del primer caso en el que un Estado miembro solicita su retiro y que se debe transitar un engorroso proceso que, hasta el día de hoy, no ha sido completado.

    Pero sorpresivamente, el embajador ante esa instancia, Samuel Moncada ha vuelto a ocupar su silla para exponer los argumentos del gobierno al cual representa, y asegura que no dejará la tribuna, a menos que se obtengan los 24 votos de miembros que son necesarios para excluir a un país de la OEA.

    Esta afirmación, y en general las de las últimas semanas, contradicen a las que se habían venido registrando, que daban por malo todo lo que viniera del organismo.

    El asunto es que parece haberse entendido la caja de resonancia que es la institución en caso de necesitarse la exposición de argumentos para dirimir conflictos.

    Pero cuando se emprenden este tipo de acciones, hay que medir lo bueno y lo malo de las mismas. No es posible tener OEA cuando convenga y no tenerla cuando el resultado sea adverso.

    El ejercicio de la diplomacia –así como el de la justicia– requiere congruencia y coherencia, pero, sobre todo, conciliación y paz. Y tener como norte el entendimiento entre adversos y diversos.

    En todo caso, es bueno que de una forma o de otra, se reconozca el valor que tiene esta instancia en el actual momento venezolano.

    David Uzcátegui
 
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