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  • 12-07-2018
    “A Dios rogando”
    Hace pocos días, la prensa nacional nos sorprendió con un titular bastante inesperado e inusual: la compañía Petróleos de Venezuela, convocó a una misa para orar por el incremento de su producción.

    Reseñan las informaciones que la ceremonia se efectuó en la sede de la empresa y que la eucaristía fue impartida por el sacerdote de la iglesia La Resurrección del Señor de Caricuao, Pablo Urquiaga.

    Según recoge el órgano informativo Petroguía “La recuperación de Pdvsa es también la recuperación de todo el país”, fue lo que dijo el sacerdote durante la misa. Una verdad -nunca mejor dicho- del tamaño de un templo.

    El gesto ha sido criticado por muchos. Incluso, la nota fue retirada de la página web del Ministerio del Petróleo. Se argumenta que dejar la solución de la baja en la producción petrolera a factores intangibles, es por decir lo menos, una pérdida de tiempo.

    De nuestra parte, sin embargo, sí pensamos que se puede rescatar el gesto.

    Podría tomarse como una necesaria y esperada reconciliación de quienes hoy gobiernan con la vapuleada iglesia católica, que ha sido objeto de señalamientos y ácidas críticas desde hace muchos años por parte del poder.

    Además, hay que señalar la humildad que se puede leer en el hecho, ya que se puede entender que la complejidad de la situación nacional -no solamente de la petrolera- necesita del reconocimiento de un poder superior para comenzar a encontrar una salida. Y esta iniciativa, creemos, bien podría simbolizar el inicio de esa búsqueda.

    También, implícitamente, se reconoce algo que oficialmente se ha negado de manera reiterada: el declive de la producción petrolera nacional. Si el propio organismo a cargo de esa medular tarea organiza una misa para pedir por su incremento, queda claro que lo que se produce ahora mismo es insuficiente.

    Como dato relevante, vale citar un despacho de la agencia internacional de noticias Reuters, fechado el 21 de mayo de 2018, que dice: “La OPEP está observando con atención el descenso en la producción petrolera de Venezuela para evaluar si la pérdida de suministro del país miembro amerita tomar medidas, dijeron fuentes en conocimiento del tema”. Un dato que confirma que los motivos para convocar a la misa no solamente son reales, sino noticia internacional.

    Y por supuesto, estamos hablando de nuestro único recurso, en el cual se centró exclusivamente la fe gubernamental para sostener al país, y que no se usó en la época de las vacas gordas para asegurar educación, salud, seguridad, infraestructura y tantas horas necesidades que hoy nos aquejan, y que no hubieran llegado la los niveles actuales si hubiéramos contado con un poco de planificación.

    Sin embargo, nunca ha sido mejor momento para recordar aquel refrán, tan manoseado como cierto, que reza: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

    Reiteramos que nos parece una noticia muy positiva la empatía de los funcionarios nacionales con la rica vida espiritual que siempre ha detentado el venezolano, especialmente si viene de manos del cristianismo, fe que profesamos una enorme mayoría de los habitantes de este país y que, a nuestro modo de ver, también contiene profundas y certeras enseñanzas que nos pueden ser sumamente útiles en tiempos tan adversos.

    Sin embargo, también hay que acompañar la fe con hechos. Y eso significa entre otras cosas, mirar puertas adentro de nuestra compañía petrolera. La misma que ha dejado escapar su capital humano durante más de tres lustros, para que brille en otras tierras, demostrando cuánto conocen del negocio los venezolanos que se formaron en esta industria, en este país.

    Si algo ha desestimado esta administración, es al capital humano. Hace unos cuantos años, en PDVSA circulaba una palabra que muchos recordarán: meritocracia. Significaba, ni más ni menos que ascender por méritos, por merecimiento. Conocer y aportar esos conocimientos, la experiencia.

    Sin embargo, la palabra y el hábito mismo fueron satanizados. Aquel encontronazo entre el gobierno y la gente de PDVSA, hace más de 15 años, dejó marcada a la compañía. Hoy, tras una inútil terquedad, vemos los resultados.

    Estamos muy lejos de conocer a fondo la compleja industria, más allá de seguir su desempeño como venezolanos, porque todos deberíamos estar al tanto de cómo se desenvuelve una operación industrial que nos pertenece a todos, y que, para bien o para mal, es nuestro sustento en este momento. Y no hay otra alternativa.

    Sin embargo, nos parece que, más allá del atinado gesto de la misa, se deberían desandar los caminos plagados de errores de esta década y media, porque solamente con la gente y con una labor profesional y atinada, podemos optimizar al único recurso que hoy tenemos para salir adelante. Hay que hacer. Y hacer en la dirección correcta.



    David Uzcátegui

    Twitter: @DavidUzcategui

    Instagram: @DUzcategui
  • 06-07-2018
    “Los inmigrantes”
    “Los inmigrantes” es el título de un cuento de Rómulo Gallegos, nuestro escritor más emblemático y ex Presidente de la República. En él se relata cómo dos recién llegados a Venezuela progresan, trabajando a brazo partido. Fundan familias, se arraigan y crecen junto con el país.

    Este sería por supuesto, el ideal de todo inmigrante. “El sueño venezolano” lo podríamos llamar, por aquellos tiempos en los cuales éramos receptores de refugiados de todas las tierras del mundo. Se integraban, se hacían nuestros y procuraban bienestar para sus hijos, para sus descendientes.

    Hoy el panorama ha cambiado radicalmente. Nuestros ciudadanos contribuyen a la ola de emigrantes que buscan seguridad en el mundo entero. Una ola creciente, que pone en aprietos a los destinos soñados por muchos, que ya se desbordan con tanta gente que huye de la adversidad y de la falta de oportunidades.

    Esto lo acabamos de ver recientemente en Alemania, cuando la intensa crisis de inmigrantes hizo tambalear al poderoso gobierno de Angela Merkel, quizá la mujer más imbatible de la historia europea, junto a la británica Margaret Tatcher.

    Y lo mas insólito es que este cataclismo no fue causado en modo alguno por la administración de ella o por alguna causa intrínseca al país. No.

    Se trató de las masas humanas que buscan llegar como sea al país más apetecido de Europa, desde Africa y el Medio Oriente. Esto, sin contar con los inmigrantes de su propio continente, que ven en la prosperdad, solidez y estabilidad alemana su propio ideal de bienestar y progreso, ante carencias en sus propias naciones, las cuales jamás se podrán comparar a otras que están en verdadera desgracia; pero es que nadie puede renunciar a su legítimo deseo de calidad de vida.

    El ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, líder de la Unión Social Cristiana (CSU, por sus siglas en alemán), seguirá en su cargo tras alcanzar un acuerdo con la Unión Demócrata Cristiana (CDU, por sus iniciales en alemán) de Merkel que, según dijo, frenaría la inmigración ilegal.

    La disputa había puesto al gobierno de Merkel al borde del colapso y fue resuelta. Pero el capital político de la dama que domina la política europea desde hace más de 13 años parece disminuido, generando dudas sobre si culminará su mandato. Porque el poder, aún el más robusto, se desgasta. Y todo líder sabe que en algún momento, debe negociar y establecer coaliciones para sustentar la legitimidad y viabilidad de su mandato. Aún si su nombre es Angela Merkel.

    Bajo el acuerdo alcanzado, los inmigrantes que ya han solicitado asilo en otros países de la Unión Europea serán retenidos en centros de tránsito en la frontera mientras Alemania negocia sus retornos.

    Hasta ahora, los migrantes que solicitan asilo al llegar a Alemania eran repartidos por todo el país hasta que se examinaran sus casos. El nuevo acuerdo pone fin a la generosa política de acogida de migrantes en Alemania. Una pésima y lamentable noticia, pero la realidad es la que manda. Ronda al mundo entero la dicotomía entre naciones fallidas, que no pueden cuidar de sus propios hijos; y otras tantas en las que se puede vivir de un empleo, se puede tener acceso a medicinas, comida, salud, seguridad y educación.


    El panorama es lamentable. Aquí, en nuestro continente, vemos cómo miles de centroamericanos huyen de la pobreza y la violencia de sus tierras, amontonándose en las entradas hacia Estados Unidos y provocando otra crisis migratoria.

    Raya en la utopía el pensar que todas las naciones deberían erradicar miseria y delincuencia, sanearse y convertirse en un lugar donde valga le pena quedarse, al cual le puedan apostar no solamente su hijos legítimos, sino los inversionistas de otras partes.

    En aquel cuento de Gallegos, los hijos de los dos inmigrantes, nacidos ya en Venezuela, se casan y comienzan una nueva familia, esta vez de venezolanos que se arraigan aquí, con la perspectiva optimista que nuestro gentilicio podía abrazar en aquellos años y que era la envidia de muchas naciones en desgracia. Hoy ya no es así, dolorosamente.

    Sin embargo, seguimos apostando, al menos en nuestro suelo, a que nuestras riquezas se impongan. No solamente las materiales, sino también las espirituales y las del carácter. Esas son las verdaderas y pueden multiplicar por un millón a las otras.

    Que algún día no sea necesario irse, que en algún momento sea seductor regresar, que otras nacionalidades tengan que poner nuestro mapa en su ruta, como fue antes y por muchos años, debido a todo lo bueno que aquí se les puede ofrecer.

    Y mientras trabajamos por este sueño posible, queda rogar porque esos líderes mundiales tengan sabiduría y compasión. Que manejen con tacto, con la mayor sensibilidad posible, esta crisis de migración que arropa a todo el planeta.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 29-06-2018
    “Sal y agua”
    La semana pasada, el gobierno nacional anunció otro nuevo aumento del salario mínimo venezolano. Son decisiones que a nadie toman por sorpresa, ya que estamos acostumbrados desde hace años a varios aumentos de salario mínimo al año.

    El salario mínimo aumentó de 1.000.000 bolívares a Bs 3.000.000, mientras que el bono de alimentación, situado en Bs 1.555.500, quedó en 2.196.0000 dando un total de 5.196.000 bolívares.

    Lamentablemente todos sabemos de sobra que estos aumentos, lejos de traer un beneficio, son la confesión de cuán grave está nuestra economía. Porque, cabe preguntarse: si la alocución presidencial anunció un 103% de aumento integral en esta última oportunidad, ¿por qué no alcanza a cubrir la brecha con el precio de los productos más elementales? Y es que, desde cualquier otro país, un aumento superior al 100% sonaría escandaloso. Pero hay que conocer la realidad de Venezuela.

    Son incrementos reactivos, que responden a una inflación que se ha hecho incontrolable. Como dice el lugar común, el sueldo sube por la escalera mientras los precios lo hacen en ascensor. O en nuestro caso, en cohete.

    Ya toda la gente lo sabe: a mayor cantidad de incremento de sueldos por año, mayor es también la confesión de que los aumentos de los precios están muy por encima.

    Y para muestra, basta un botón: seis aumentos salariales el año pasado y tres más en lo que va del corriente. Consecuencia: no hay mejoría alguna en la situación. Y, entre otras cosas, se asfixia un poco más a las escasas empresas que aún sobreviven y se empeñan en producir.

    Los episodios de incremento de precio reiterados, como los que estamos viendo hoy, son una pesadilla para cualquier país y atormentan a sus ciudadanos con la incapacidad de comprar hasta lo más necesario. En el mundo de han visto una y otra vez casos como el de Zimbabue, que llegó a ver billetes con valores superiores al trillón. Los precios cambiaban en minutos.

    Otro de los entuertos que hay que resolver con urgencia, es el hecho de que casi el 50% de los ingresos de un trabajador en condiciones de sueldo mínimo son una bonificación, lo cual quiere decir que no tiene incidencia en beneficios como prestaciones sociales.

    Por cierto, entre los anuncios también destaca un “bono de guerra económica”, el cual trae a colación ese término que se ha utilizado desde hace ya casi una década para justificar las enormes distorsiones que vive la economía nacional en manos de una de las gerencias más desatinadas que haya visto país alguno.

    Sí, es así: si comparamos los exiguos ingresos de los trabajadores venezolanos con los precios que hace rato se les escaparon de las manos, no queda otra que declarar ganadores a los adversarios del gobierno.

    Pero estos no son el llamado imperio ni los empresarios, ni los extraterrestres. Son las leyes de la economía, inexorables, que no pueden ser torcidas ni ignoradas. Y mucho menos modificadas a punta de gritos o decretos. A esto, debemos agregar los reiterados intentos de quienes gobiernan, de apagar los incendios con más gasolina.

    Ciertamente, Venezuela vive en una economía de guerra. Aunque por ninguna parte vemos bombardeos o campos de batalla contra el invasor enemigo, los efectos que sentimos en nuestros bolsillos solo pueden ser comparables a la devastación que vivió Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

    Sin embargo, el gobierno anuncia reiteradamente su salida al ataque contra esa entidad abstracta que ha bautizado como guerra económica. ¿Por qué entonces, no se pueden atajar los precios? ¿Por qué las órdenes, los operativos, la persecución, no funcionan?

    Pues porque los precios no son causas, son consecuencias. De la muy escasa producción nacional, de las empresas que ya no producen porque han cerrado en estos años por diversas causas, de los inversionistas y los profesionales que se han marchado ante el sombrío panorama que tiene años empeorando y no promete mejorar.

    Y lo que es peor aún, lejos de funcionar para contener los incrementos, trabajan en el sentido exactamente contrario: disparan los precios aún más.

    Por allí se dice que los capitales son cobardes. Y hay que asumir que es absolutamente cierto. Es una realidad y más aún, se trata de una de las reglas que deben tener en cuenta quienes pretendan manejar una economía.

    La agitación permanente que se ha convertido en la marca de la Venezuela de los últimos años es mucho peor de lo que cualquiera pueda imaginar, en cuanto a torpedear cualquier intento de recuperación que pueda tener nuestra economía.

    Un incremento de sueldos jamás será una buena noticia, mientras no se ataje la inflación y no se estabilicen los precios. Será digno de celebración cuando logremos tener bajas cotas de inflación y el aumento en cuestión sea superior a ellas. Si no, siempre será sal y agua.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 22-06-2018
    “Duque y Colombia”
    El domingo pasado, todo el mundo siguió con extremada atención la segunda vuelta de las elecciones en Colombia. Para suerte de las vapuleadas encuestas, se cumplieron las previsiones: el candidato Iván Duque ganó inequívoca y holgadamente, aunque su contrincante, Gustavo Petro, aglutinó también una votación masiva y nada despreciable.

    ¿Que Colombia es un país dividido y polarizado? Sí, y hay que decirlo. Y mucho. Se sintió en estos comicios, donde los votantes se alinearon apasionadamente en dos filas tras los respectivos candidatos y defendieron visceralmente sus respectivas propuestas.

    Pero también hay que manifestar una admiración enorme por la ciudadanía colombiana, por su civismo, y por su terca determinación para encauzar diferencias a través de unos comicios, de dirimir sus desacuerdos en las mesas de votación.

    Ya es sabido y está demás abundar en la dolorosa y larga fractura que ha significado la historia contemporánea de Colombia. Una nación harta de la sangre y la violencia, en la cual la gente ha puesto lo suyo en trabajo y educación y que se niega a dejarse atrapar por la barbarie, por más que la tengan allá adentro.

    La han ido acorralando con acciones concretas, con su crecimiento como colectividad, con trabajo y educación. Y eso, ha desembocado en un debate político elevado, con solución pacífica al quiebre histórico que los ha marcado como gentilicio.

    Lo más interesante quizá sea la convivencia entre ambas tendencias de tan profunda diferencia, habiendo logrado desembocar en un evento electoral no solamente reconocido, sino también aplaudido por el mundo, si vemos a la distancia cuánto ha avanzado Colombia en su sendero como patria.

    De una parte, la propuesta más prudente consiguió un triunfo claro a través de los más de diez millones que consiguió Iván Duque. Pero por otro lado, Petro se convirtió en un candidato emergente que logra conquistar una votación significativa: ocho millones estuvieron junto a él.

    Hay que recordar que el antecedente fue una primera vuelta marcada por la diversidad, donde se alzaron voces que reflejaron los más amplios matices de una nación multicolor. Para llamar más aún la atención mundial, todo este periplo se desenvolvió mientras en paralelo marchaba un proceso de paz que aún se encuentra en sus primeros pasos de concreción, y que genera tanto temores como esperanzas a partes iguales entre los colombianos, dividiéndolos en los dos bloques bien definidos que vimos en los días finales.

    El ganador, Iván Duque Márquez, tiene 41 años y cuenta con un impresionante currículo, ya que es abogado con estudios mayores de Filosofía y Humanidades de la Universidad Sergio Arboleda. Cursó maestría en Derecho Internacional Económico de la American University y Gerencia de Políticas, Públicas de la Georgetown University.

    Realizó también estudios ejecutivos en negociación estratégica, políticas de fomento al sector privado y gerencia de capital de riesgo en la Escuela de Negocios y Gobierno la Universidad de Harvard. Es escritor, con varios libros a cuestas, y columnista de prensa. Desempeñó altos cargos en el gobierno de Álvaro Uribe.

    Su perfil luce, pues, como el de un hombre que se ha propuesto hacer carrera política y ha seguido absolutamente todos los pasos para ascender a fuerza de trabajo y conocimientos. Dos valores que, sin duda, son apreciados por los colombianos a raíz de sus propias experiencias de vida.

    Quizá lo más complejo de la propuesta de Petro era el hecho de que fue bastante tibio al desmarcarse de un liderazgo con el cual ha tenido simpatías y que ha sido francamente apocalíptico para la región latinoamericana.

    Aunque, por otro lado, hay que reconocer que ganó en Bogotá, ciudad de la que fue alcalde y en la cual sus seguidores deben guardar buenos recuerdos de él, para haberlo suscrito.

    Y por supuesto, su pasado en grupos armados generó temor y suspicacias, más allá de que sus recientes ejercicios políticos indiquen que ha cambiado radicalmente de rumbo en su manera de enfrentar los retos para alcanzar el poder.

    La prueba de fuego es gobernar para todos. Duque, político de olfato a pasar de su juventud, se ha adelantado en ofrecerlo, y ojalá lo cumpla. No hacerlo sería un error garrafal, ya que tiene a un buen número de votantes en la acera contraria. Toca convencerlos y seducirlos, para hacer viable su visión de país. Y esto no se logra sino incorporándolos.

    Y Petro también tiene ante sí una prueba de fuego como líder de una oposición que confió en él. Debe estar a la altura de la posición que alcanzó y aprovechar la enorme tribuna de la cual es dueño hoy.

    Desde aquí, nos sentimos optimistas ante el futuro que se pinta para Colombia. La gente habló y el liderazgo debe ser sensible a lo que dijo, para poder seguir adelante con éxito.

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
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  • 15-06-2018
    “Cada vez será peor”
    Si bien el actual panorama general de Venezuela inquieta -y con sobrada razón- a muchos, lo más perturbador es el hecho de que esta situación no sea abordada con celeridad y efectividad por quienes hoy están al frente del país.

    Y queremos subrayar este asunto, porque desde nuestro punto de vista, no es tan grave el hecho de que nuestros indicadores como nación muestren cifras negativas, si lo comparamos con lo que pueden llegar a ser en el corto plazo. O peor aún, a largo término, si se insiste en la equivocada política de negarlos, de esconderlos y por tanto de no accionar para superarlos y encauzarnos positivamente.

    Debemos recordar que Venezuela cerró 2017 con una caída del Producto Interno Bruto de 15%, según cálculos de la comisión especializada de la Asamblea Nacional, especializada en el tema.

    La cifra fue suministrada en su momento por el diputado Rafael Guzmán, miembro de la Comisión de Finanzas del Parlamento, que se ha encargado de difundir indicadores económicos, debido a que el Banco Central de Venezuela no los publica con la regularidad esperada.

    Los cálculos del Fondo Monetario Internacional en su última proyección sobre la actividad económica de Venezuela, están bastante cercanos a los números de la AN. El organismo señala que el país sufrirá una caída del 15% del PIB en 2018. El año pasado -según ellos-, la caída de este indicador fue del 14%, apenas un punto porcentual de diferencia con el citado por el diputado Guzmán. Vamos a promediarlo en 14,5% como solución salomónica.

    Mientras tanto, en 2016 -siempre según el FMI- el descenso fue del 16,5%. En total, la actividad económica del país se ha reducido un 45,5% en tres años, si es que se cumple la estimación para el período en curso. En el último lustro, de acuerdo a esta fuente, el país ha perdido la mitad de su Producto Interior Bruto.

    A esto se une una inflación que ya superó las cinco cifras anualizadas y que, para esta misma entidad, se debe a "profundos déficits fiscales y la pérdida de confianza en la moneda nacional". En otras palabras, los elementos para una tormenta perfecta están todos servidos.

    De manera paralela, y como lo hemos comentado en semanas anteriores en este mismo espacio, la producción y venta de petróleo también sigue descendiendo. Y no estamos descubriendo el agua tibia ni diciendo ninguna novedad.

    De acuerdo con la información suministrada por las autoridades venezolanas a la OPEP y citada por el Diario Las Américas, en febrero de este año el país produjo 37% menos petróleo respecto a febrero de 2016.

    Según el experto petrolero José Toro Hardy, con la producción disminuida, el impacto del incremento de los precios petroleros en el ingreso por exportaciones de hidrocarburos es definitivamente pequeño.

    Tras esto se encuentra sin duda el terrible ciclo perverso de la economía venezolana, el cual no es otro que malgastar la bonanza petrolera, para que los tiempos adversos nos sorprendan siempre, una y otra vez, sin ahorros.

    Sim embargo, en esta nueva reedición del eterno error nacional hay un agravante: de Petróleos de Venezuela fueron expulsados miles de trabajadores calificados. Los sustituyeron por personal sin conocimiento del área petrolera, pero incondicionales a una parcialidad política. Esta decisión errada significó el sepelio de la PDVSA productiva. Todo ello explica el escenario en el cual se encuentra estancada hoy nuestra patria.

    Pintamos todo este panorama de causas y consecuencias para llegar a una conclusión: la recuperación de Venezuela costará dinero, mucho dinero. Un dinero que no tenemos, que cada vez producimos en menor cantidad. Un dinero que tendrá que venir de fuentes externas, de financiamiento.

    Un dinero que costará cada vez más, porque lo que se llama el riesgo-país es cada vez mayor. Estamos hablando de todo riesgo inherente a operaciones transnacionales y, en particular, a los financiamientos de un país a otro. Sin entrar en detalles, tenemos el más alto del mundo, el único con cuatro cifras.

    Cada vez necesitaremos más, cada vez produciremos menos, cada vez será más costoso en términos de confianza e intereses el abordar esas ayudas ineludibles. Estamos hablando, por supuesto, en caso de seguir por este sendero que ya ha demostrado desde hacer rato estar equivocado, por ser inviable y por atentar contra la más elemental calidad de vida de los venezolanos.

    ¿Hay solución? Sí. Como expresara el economista Jesús Casique en su cuenta Twitter: “La hiperinflación durará el tiempo que el Gobierno decida cambiar el modelo económico”. La solución es extremadamente sencilla: es tomar una decisión. Es dar un golpe de timón y cambiar de rumbo. Pero para ello, se necesita la voluntad de quienes tiene en sus manos la posibilidad de tomar dicha decisión. ¿La hay? ¿Y los cambios para cuándo?

    David Uzcátegui
    Twitter: @DavidUzcategui
    Instagram: @DUzcategui
  • 08-06-2018
    “Venezuela y OEA”
    Nuevamente la turbulenta situación venezolana merece ocupar titulares en la prensa internacional, tras una jornada que abrió el proceso para la suspensión del país en la Organización de Estados Americanos.

    Algunos medios de comunicación han calificado de “histórico” este hecho, y sin duda lo es, más allá de las posiciones que se puedan adoptar respecto al mismo.

    En esta cuadragésimo octava Asamblea General ordinaria, celebrada en Washington D.C., 19 países aprobaron la suspensión, mientras que cuatro votaron en contra y 11 se abstuvieron.

    Cabe adelantar que la medida no será automática, al no haber alcanzado una mayoría de dos terceras partes o 24 votos, por lo que se someterá a una nueva votación en la Asamblea General Extraordinaria.

    El texto del acuerdo fue promovido por Estados Unidos y presentado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, México y Perú, con el patrocinio de Costa Rica, Guatemala y Paraguay.

    No es la primera vez que Estados Unidos hace esta petición. Hace un mes lo solicitó el vicepresidente Mike Pence en el mismo foro de la OEA. Pero con las palabras del secretario de Estado Mike Pompeo, sí es la primera oportunidad en que la crisis venezolana alcanza la agenda de la Asamblea General.

    Entre los alegatos de Pompeo, destaca el haber subrayado lo que él considera como “el agotamiento de las opciones para el diálogo bajo las condiciones actuales”.

    Lo cierto es que este hecho demuestra ante el mundo que la situación venezolana ha llegado a tal nivel de gravedad que amerita que un organismo hemisférico de semejante talla ponga sus ojos sobre nosotros y lo haga a tan alto nivel.

    Cabe recordar que el actual gobierno de Venezuela ya había pedido el retiro voluntario del país de la OEA, después de que en 2017 el Consejo Permanente convocara a los cancilleres de sus países miembros para abordar la crisis del país, a propósito de las protestas opositoras que sucedieron en aquellos días. Se convirtió así en el primer integrante de la organización en hacer esta petición en toda la historia del ente.

    Sin embargo, como es conocido de muchos, este no es un proceso sencillo y toma tiempo. Amén de ser la primera oportunidad en la que una petición de este tipo es elevada ante el organismo. Por ello, no podría concretarse antes de 2019 y se entra en una polémica a partir de este momento, ya que la suspensión en la Asamblea General podría llegar antes de concretarse el retiro voluntario de Venezuela.

    Desde aquel momento, ha crecido el número de naciones que no ve con buenos ojos lo que está sucediendo en nuestro país. Por ello, la situación es radicalmente diferente y se puede esperar un desenlace distinto a cuanto ha acontecido hasta ahora en el seno de se organismo cuando de la situación nacional se trata.

    Los elementos que están haciendo peso en el momento actual, son los cuestionamientos internacionales al más reciente proceso electoral y los constantes enfrentamientos entre la Asamblea Nacional y el Ejecutivo, en los cuales el último reitera su desconocimiento a un poder Legislativo electo masiva y transparentemente, que representa la pluralidad del pensamiento político venezolano.
    De la situación económica nacional también se ha hecho eco este foro continental. Los crecientes niveles de los precios, así como la dificultad de los venezolanos para conseguir insumos que son necesarios en la vida diaria, han llamado la atención de nuestros vecinos del continente.

    A ello se suma la constante salida de compatriotas hacia otras naciones cercanas, hecho que no puede pasar por debajo de la mesa, ya que son unos cuantos los países que están sintiendo dentro de sus mismas fronteras las adversidades de nuestro gentilicio. Las conocen de primera mano por boca de sus protagonistas y afortunadamente se solidarizan con ellas.

    Es muy lamentable que la ropa sucia no se haya podido lavar en casa. Quienes hoy condenan el revuelo internacional que se ha formado en torno a la situación venezolana, deberían ver un poco hacia atrás y ver cuántas oportunidades de resolver nuestros problemas internamente, se perdieron.

    Recordemos que, entre los motivos de Pompeo para elevar la situación venezolana al nivel de la Asamblea General del Foro, se encuentra justamente el hecho de que los intentos de diálogo nacional siempre han resultado más que frustrantes e ineficaces para atajar los padecimientos de la gente.

    Obviamente, estos problemas no harían sino incrementarse de cara a la inacción de quienes hoy ostentan el poder. No había que ser adivino ni profeta para predecir que los dramáticos niveles de los acontecimientos venezolanos afectarían a la región completa más temprano que tarde, y por eso hoy se han convertido en un asunto que clama por la atención de la OEA. Desde nuestro punto de vista, no hay sorpresa alguna.

    David Uzcátegui
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